Código Teodosiano

[Codex Theodosianus]. Mientras los Códigos Gregoriano y Hermogeniano (v.) eran compilaciones privadas, con Teodosio II la iniciativa de la compilación de las constituciones imperia­les pasa al Estado. El proyecto originario del Emperador, expuesto en una constitución del 429 d. de C. preveía una doble compi­lación: una para la ciencia, y otra para la práctica; criterio semejante al realizado des­pués por Justiniano. Parece, sin embargo, que la comisión ncomisiónal efecto en 429 no fue capaz de llevarlo a cabo. De manera que en 435, Teodorico hubo de nombrar una nueva comisión con el cometido, más modesto, de recoger en un Código las «leyes generales» emanadas desde Constantino en adelante, renunciando por lo tanto a toda idea de compilación de «iura». Por otra parte, no queriendo abandonar del todo la parte científica de su primera concepción, Teodorico quiso que también fuesen inser­tadas en la colección las instituciones abo­lidas, de modo que sólo la sucesión cro­nológica de las leyes permitía establecer qué constituciones o partes de constituciones estaban vigentes, y cuáles no. Este sistema nos ha permitido encontrar en el Código Teodosiano una cantidad de material his­tórico que, de otro modo, habríamos per­dido. El Código Teodosiano fue llevado a término con bastante rapidez y publicado el 15 de febrero del 438, aunque manteniéndose en vigor los dos códigos precedentes: el Hermogeniano y el Gregoriano.

Fue aco­gido en Occidente por Valentiniano III, y tuvo, por lo tanto, larguísima vida, especial­mente por medio del epítome que se hizo de él en la Ley romana de los visigodos (v.). El Código Teodosiano consta de dieciséis libros divididos en títulos, cada uno de los cuales tiene una rúbrica. El orden de la materia es el de los «Digesta» clásicos y más probablemente, el del Código Gregoriano. Pero mientras en el Gregoriano era prepon­derante el tratado del derecho privado, en el Teodosiano éste comprende sólo cinco de los dieciséis libros (II, III, IV, principio del V y fin del VIII). De los demás, es im­portante el I, relativo a las fuentes del de­recho y a los funcionarios imperiales, y el XVI, dedicado al nuevo derecho de la Iglesia, cuyo ordenamiento entra por prime­ra vez en el campo del derecho oficial. Del Teodosiano no ha llegado hasta nosotros un texto completo, de manera que el co­nocimiento que tenemos de él es fragmenta­rio aunque bastante extenso. Buena parte de él fue luego transmitida al Código de Justiniano. De las ediciones más antiguas se recuerda la comentada por Jacobo Gotofredo (1665). De las modernas, la de Hánel (1847) y las de Mommsen y de Meyer (Ber­lín, 1905); esta última es decididamente la mejor. Una ulterior de Krüger ha quedado truncada en el libro VIII por la muerte del editor.

A. Repací