[Alwills Briefsammlung]. Fragmento de una novela filosófico-epistolar de Friedrich Heinrich Jacobi (1743- 1819). Más que como novela, esta obra puede definirse como una «colección de cartas»; por lo demás, así la tituló su autor, Silly es una joven viuda que sostiene una nutrida correspondencia con Clerdon, su cuñado, y con la esposa de éste, Amalia, así como con algunas amigas. Éstas le cuentan su vida, de la cual ha entrado a formar parte Eduardo Alwill, el héroe, el despreocupado, el genio original que sigue el puro impulso de su corazón y sus pasiones. Contra él se yerguen severamente Silly y su amiga Lucía, que en otro tiempo fue su víctima, y ambas ponen en guardia a Clara, para evitar que se deje engañar por el hechizo del joven. Pero, como en Woldemar (v.), la muchacha pura e ingenua, intelectual y ardiente de fe, logra llevar por el recto camino al poeta que sólo seguía los caprichos de su fantasía. Cada personaje representa una corriente filosófica que el autor ha rebasado: Clerdon habla en nombre de la filosofía sensualista, y Alwill es la expresión del «Sturm und Drang». En el contacto con Clara, Alwill busca el germen divino de fe en su propia vida interior, que hace de él no un filósofo como lo entienden los «ilustrados», sino un verdadero sabio, tal como lo entiende Jacobi. Las mujeres son las de la época: las mujeres de los salones de Berlín y Jena, que tan grande participación han de tener en la formación de la escuela romántica. Adoptan actitudes sentimentales, pero son, sobre todo, pedantes, cerebrales, aun cuando no pretenden ser otra cosa que simples madres de familia. No se puede decir que esta obra fragmentaria exprese claramente el pensamiento de su autor, pero tampoco es éste su propósito, sino darnos visiones de pensamiento y alma. Jacobi intenta aquí superar con Goethe el «Sturm und Drang» y la Ilustración, pero, menos poderoso que él, no capta en su plenitud la realidad universal y no pasa de ser un filósofo del sentimiento. Sin embargo, tiene el mérito de preparar el camino a la intimidad y a la individualidad romántica, manteniéndose en el justo medio entre ambas corrientes.
G. F. Ajroldi

