Arte Dialéctica, Gayo Quirio Fortunaciano

[Ars dialéctica]. Tra­tado breve que figura como cuarto libro del «Catecismo» retórico de Gayo Quirio Fortunaciano (siglo IV d. de C.), atribuido ya por algunos códices a San Agustín (354-430), los cuales se fundan probablemente en el pasaje del capítulo séptimo donde hay una alusión en primera persona con el nombre de Agustín. Los maurinos negaron autenti­cidad al escrito pues debía formar parte de las Disciplinas y éstas, según ellos, debían tener todas forma dialogada, como La Música, sin tener en cuenta que este opúsculo dialéctico no puede ser dialogado porque sólo contiene apuntes para una obra posterior. Ahora se acepta, no sólo la pa­ternidad agustiniana, sino la doble deri­vación varroniano-ciceroniana del escrito. La definición de dialéctica es sencillísima: es la ciencia de discutir bien, y se discute con palabras; las palabras son sencillas o compuestas: sencillas si expresan un solo concepto y un solo significado, aunque ten­gan varias vocales; compuestas si el con­cepto, englobando en sí varios significados, resulta complejo.

También los significados pueden a su vez ser sencillos y compuestos; de los primeros se ocupa la locución, de los segundos hay tres clases: eloquio, cuando satisface plenamente a todas las pregun­tas; proloquio, cuando contesta a un axio­ma; y conjunto de proloquios, en cambio, el que une varios de los mismos. La dia­léctica no tiene nada que ver con la gra­mática: ésta se ocupa solamente del soni­do de las palabras, del ritmo, del acento: la dialéctica, en cambio, del significado de esas mismas palabras en cuanto sirven para discutir bien. Y se diferencia también de la retórica en cuanto emplea las palabras no como fin sino como medio, y se basa en cuatro elementos: palabras, cosas, dicción y docibilidad. Cómo nacen las palabras y cuál es la opinión de los estoicos a ese respecto, es objeto de una larga disquisi­ción. La palabra ha de tener una fuerza y además ha de tender a comunicarla; en cambio algunas veces no lo consigue, por oscura y ambigua; la oscura puede serlo por tres motivos: por falta de comunicabi­lidad al ánimo, por falta de comunicabili­dad a los sentidos y por falta de comunica­bilidad a uno y otros; la ambigua es de dos maneras: o al hablar o al escribir; pero la ambigüedad puede provenir también de diversos equívocos: por artificio, por cos­tumbre o por ambas cosas; pero estas ambi­güedades son muy distintas de las de los gramáticos quienes sólo ven la inconstan­cia de las mesuras y acentos y no la del significado. De ese modo también los dia­lécticos ven en la palabra únicamente su valor según la verdad, y los retóricos se­gún el decoro. Esta distinción tan neta que separa a la dialéctica, tanto de la gramá­tica como de la retórica, es el mejor indicio para creer que Agustín se fundaba sobre bases muy sólidas para trazar las líneas fundamentales de este tratado suyo de lógica.

F. della Corte