Acrotismo Cameracense, o sea De los Principios de los Artículos de los Físicos contra los Peripatéticos, Giordano Bruno

[Acrotismus Camoeracensis, seu Rationes articulorum physicorum adver sus Peripatheticos]. Obra fi­losófica de Giordano Bruno (1548-1600), que pertenece al grupo de las obras de recapi­tulación y conclusión, y fue publicada en 1588. Hay muchas incertidumbres acerca de la palabra «Acrotismus»; según parece, era el programa de la tesis que un discí­pulo de Bruno sostuvo en una discusión pú­blica en París. La obra va precedida de tres cartas, una a los amigos de la sana filosofía, una a Enrique III y una al rector Jean Filesac de la Universidad de París. Es clara y sobria la introducción, puesta en boca del defensor de la tesis, Hennequm, en la cual se estudia cuánto más vale la filosofía de Bruno, que se confía a la ra­zón y al buen sentido bien regulado, que la de los peripatéticos que juran siempre por la palabra de Aristóteles y donde harían falta pruebas, se contentan con afirmar. No es posible encerrar al mundo en un rígido mecanismo categórico. Al reanudar aquí el tema, dominante en su filosofía, de la ab­sorción de la metafísica en el marco de los nuevos principios cosmológicos de Copérnico, Bruno anima la dirección puramente científica de la cosmología con un profundo pensamiento filosófico.

La filosofía del Ente es, ante todo, filosofía del Ente real, de la naturaleza, del universo y del mundo: fi­losofía natural y cosmología. La naturaleza está sobre todas las cosas: «es sempiterna e individual esencia, obrando por íntima sa­biduría, y de las cosas menos perfectas a las más perfectas, al producir el mundo se produce a sí misma». De sí misma saca, por necesidad, las múltiples formas, inagota­blemente. Es arte viviente, intrínseco, for- mador, de materia. El universo infinito está compuesto de sustancia incorpórea y corpórea, sensible e insensible. Así, par­tiendo de Aristóteles, Bruno se desprende cada vez más de la metafísica tradicional para acercarse por medio del misticismo neoplatónico al puro y positivo naturalis­mo donde converge todo el pensamien­to del Renacimiento, iniciado por Telesio, resuelto por Spinoza y cuyo momento culminante y dramático encarna el pro­pio Bruno.

M. Maggi