Acerca de las Costumbres y de los Estudios, Pietro Paolo Vergerio

[De ingenuis Moribus ac Studiis]. Obrita pedagógica de Pietro Paolo Vergerio (hacia 1370-1445), compuesta y dedicada a Ubertino da Carrara hacia el 1400-1402.

Es una carta en dos partes, dedicada a su noble discípulo, sobre la educación digna de hombres libres y, es­pecialmente, sobre la más conveniente para jóvenes ricos y nobles; sugiere ante todo unas normas de conducta moral y buenas costumbres para destacar en la virtud y en las gloriosas acciones; luego un plan de serios estudios liberales, que abraza, ade­más de las letras, filosofía, historia, cien­cias y bellas artes, la medicina, las leyes y unos ejercicios físicos y militares, con unidad espiritual. Es de notar que el fin de la educación no es utilitario, sino que consiste en la formación de la personalidad: de aquí la insistencia sobre la necesidad que, ya por la educación moral, ya por la cultural, ya por la orientación profesional, el educador tiene que fijarse mucho en las tendencias, actitudes y en el genio de los jóvenes y de sus inclinaciones prácticas (los ávidos y los avaros tienen que ser em­pujados hacia la industria y no hacia las artes, que ellos rebajarían sometiéndolas a fines lucrativos).

La educación tiene que ser, ante todo, conquista autónoma y per­sonal, y revelar el joven a sí mismo. Los jóvenes nobles tienen, no el privilegio, sino el deber de adquirir una formación espi­ritual superior. También quiere que se eli­jan las diversiones con la doble intención de la instrucción y de la educación, invo­cando el «mens sana in corpore sano». La obra de autoeducación no ha de tener lu­gar en horas preestablecidas, sino que tie­ne que ser el pensamiento y la función dominante de toda la jornada y de toda la vida. «Cuanto más tiempo dediquemos a ella, menos rápidamente transcurrirá la vida». Es significativo que no se encuen­tre en el tratado casi ninguna alusión a la educación religiosa en sentido específico, lo que no implica exclusión de los ideales propios del cristianismo, y ante todo de conquista de la propia alma, ya que, por el contrario, es propio de esta concepción humanista de la educación hacer servir los estudios — y no sólo literarios — para la for­mación y desarrollo de la libertad indivi­dual, de la pasión por la belleza literaria y artística y de la disciplina estética, que no estaba incluida en la educación medi­eval.

El mérito del escrito, además de su originalidad en distintos fragmentos es el haber abierto el camino a la pedagogía del Humanismo y del Renacimiento y preparado la escuela de Guarino y de Vittorino da Feltre, a los que adelanta en un cuarto de siglo.

G. Pioli