Cranford, Elizabeth Cleghorn Gaskell

Novela de la escritora ingle­sa Elizabeth Cleghorn Gaskell (1810-1853), publicada por entregas en la revista «Household Words», entre los años 1851 y 1853. Dejando a un lado los problemas sociales ya tratados en anteriores novelas y sus in­tenciones moralistas, la autora describe en esta obra la vida de una pequeña ciudad de provincia inglesa, concentrando la acción alrededor de la figura de la simpática sol­terona Matty Jenkins.

Con su historia se enlazan las de otros habitantes de Cranford, entre ellas la del capitán Brown, hombre de mucho corazón que pierde su vida cuan­do intenta salvar la de un niño a punto de ser arrollado por el tren; el antiguo enamo­rado de Matty, el señor Holbrook, y unas raras y ancianas señoras que desprecian las «vulgares riquezas» y practican la «elegante economía», como la honorable señora Jamieson y su cuñada la señora Glemmire, que más tarde se casará con el doctor Hoggins, la señorita Pole y la señora Forrester; y entre los graciosos personajes también se puede citar a la vaca de la señorita Betty Barker.  La imprevista pérdida de sus bie­nes obliga a Matty a abrir una tienda, y acepta su nueva vida de trabajo y de sa­crificio, endulzada por la afectuosa solida­ridad de las personas amigas, con inmuta­ble serenidad. Ahora ya parece que ningún acontecimiento conseguirá sacarla de su vida laboriosa y modesta, cuando su herma­no Peter regresa inesperadamente de la In­dia, donde se había refugiado de joven y donde había permanecido sin haber dado nunca noticias.

Este gallardo y fantástico anciano que, entre sus infinitas aventuras cuenta que un día se encontró tan arriba en las cumbres del Himalaya que disparó por equivocación contra un querubín (la frase ha llegado a ser proverbial en Ingla­terra), posee, además del llamativo título de Aga Jenkins, un hermoso patrimonio. Y gracias a él los últimos años de Matty transcurrirán en paz, lejos de las estreche­ces económicas. Cranford, que se conside­ra una de las obras clásicas de la literatura inglesa del siglo XIX, nació de una serie de bosquejos reunidos más tarde en un vo­lumen; y por ello la trama no es una cerra­da concatenación de acontecimientos; sin embargo, el pequeño mundo provinciano está retratado con minucioso cuidado y de­licado humorismo, que roza la sátira sólo en la descripción de las personas engreídas, sin la cerebral frialdad de las despiadadas y nítidas descripciones de ambiente de Ja­ne Austen.

A. Castblli