Rey Espíritu, Juljusz Slowacki

[Król Duch]. Es el últi­mo poema del escritor polaco Juljusz Slowacki (1809-1849), una de las mejores crea­ciones de su genio poético, obra que quedó incompleta a causa de su muerte. En 1847 se publicó la primera parte; el resto no vio la luz hasta después de la muerte del poeta.

El poema tiene su origen en la fe del autor en la reencarnación de los espíritus huma­nos; fe inserta en el concepto romántico-mesiánico de una Polonia guiada por un elevado espíritu — precisamente por el rey Espíritu —, el cual, encarnándose sucesiva­mente en varios hombres eminentes, eleva la nación a sus mayores destinos. La idea de la obra se la dio la República (v.) de Platón. Narra la leyenda de Er, hijo de Arminio, que caído en la guerra resucitó a los doce días, dando noticias de la vida de ultratumba. Slowacki continúa el mo­tivo de la leyenda griega y hace reencarnar sucesivamente el espíritu de Er en una fi­gura mítica polaca, Popiel, jefe simbólico de la nobleza polaca, adalid de la lucha contra la idolatría de su tiempo; luego en el rey Miecislao y, por fin, en el rey Boles- lao el Valeroso, a cada uno de los cuales presta el poeta alguna faceta de su alma propia, con la que debía terminar identificándose por completo en la última encarna­ción del espíritu, destinado por Dios a re­dimir a Polonia con la fuerza de su canto, si la muerte no hubiese impedido al poeta terminar su obra.

La parte terminada del poema consta de cinco rapsodias, divididas en distinto número de cantos. El poema está escrito en octavas, cuya rara perfección de forma y armonía de ritmo, fruto de un ta­lento poético por completo excepcional, pero también de un excepcional, paciente y cui­dado trabajo de lima, hace de ella la obra de arte más perfecta de Slowacki, y segu­ramente de toda la poesía polaca de su si­glo. Trad. italiana fragmentaria de Olga Pinto (Roma, 1926).

E. Damiani