Razón de Ser del Cristianismo según Resulta de las Sagradas Escrituras, John Locke

[Reasonableness of Christianity as delivered in Scripture]. Tratado de John Locke (1632-1704), publicado anónimo en 1695.

El autor trata de oponerse a los teólogos, que juzgando al hombre perverti­do a consecuencia del pecado de Adán, lo consideran incapaz de obrar el bien, así como a los filósofos deístas que incurren en el exceso opuesto y niegan la necesidad de la redención, viendo en Cristo tan sólo un restaurador de la religión natural. Locke deplora las sutilezas y las complicaciones abstractas de las discusiones dogmáticas con que los teólogos han venido a oscurecer la claridad del Evangelio, que es, en cambio, accesible a la comprensión de todos en cuanto es necesario para la salvación del alma.

Allí donde las Sagradas Escrituras presentan lugares oscuros o de difícil in­terpretación, se explican los textos con abstrusas explicaciones teológicas, aunque con pacientes referencias a las diversas partes y, sobre todo, con la meditación, y se re­nuncia a abordar aquellas verdades que aparecen superiores a la capacidad humana; el hombre no está obligado a creer lo que no comprende, pero las verdades divinas que le son accesibles son suficientes para la salvación del alma, y la llaneza de la fe en esto es lo que importa solamente. Dios castigó el pecado de Adán privándole, y con él a toda la humanidad futura, del es­tado original feliz y de la inmortalidad que le había concedido, pero, con su miseri­cordia, quiso después enviar a su Hijo como liberador. Mientras antes de Cristo era su­ficiente, como afirma San Agustín, la ley de las obras de acuerdo con la justicia natural, Cristo instauró la ley de la fe con la que Dios instituyó a Cristo sobre un reino que comprende gentes de todas las lenguas, de todas las tribus y de todas las naciones del mundo.

Según este nuevo pac­to son cristianos y obtendrán el perdón de todas sus culpas aquellos que reconozcan en Cristo al Mesías prometido y se hagan sus súbditos fieles, aceptando su voluntad como regla de conducta; aquellos que crean divinamente inspirados los escritos de los evangelistas y de los apóstoles y traten de comprenderlos rectamente, aceptando como guía infalible en su interpretación tan sólo a Dios, que puede abrir los ojos de la in­teligencia humana. Ésta fue la única fe que los apóstoles instituyeron cuando di­fundían el Evangelio, y, lo mismo que en­tonces, resulta ahora necesaria y suficiente para ser cristianos. El doctrinarismo teoló­gico, iniciado con las Epístolas apostólicas, divide, en cambio, la religión cristiana en un gran número de Iglesias, que sostienen luchas entre sí y entre las cuales es im­posible la elección porque la Verdad está en todas y en ninguna.

La revelación era necesaria para comunicar al hombre los conocimientos que la mente humana, por sí misma, no hubiese podido encontrar, por ser limitada a la experiencia sensible, pero la verdad de tal enunciado no puede hallarse en desacuerdo con la razón, porque también ésta es concedida a los hombres por Dios. En este sentido, Locke, si bien admite una religión natural, cuyos princi­pios son puramente racionales, sostiene que debe estar integrada por los principios re­velados. Oponiéndose tanto al sectarismo teológico confesional como a las negaciones estrictamente racionalistas, Locke establece el principio liberal de la tolerancia religio­sa, expuesto por él en la Epístola sobre la tolerancia (v.), y realizado, si bien no ple­namente, por la política inglesa de su tiem­po, sin llegar a la indiferencia incrédula. Su pensamiento religioso ejerció, realmente, por esta causa, una gran influencia sobre el ulterior desarrollo del deísmo inglñes y también sobre el francés, hasta Rousseau.

Locke, como fundador del racionalismo religioso, se halla junto a Christian Wolff… Sus escritos, y especialmente su punto de vista religioso, ejercieron un gran influjo sobre los espíritus más eminentes del si­glo XVIII; Voltaire y Federico II se ha­llan aquí en primera línea. (Hóffding)