Querubín Peregrino, Johannes Scheffler

[Cherubinischer Wandermann]. Versos místicos de Johannes Scheffler (1624-1677) llamado, tras su con­versión al catolicismo, Angelus Silesius, esto es, mensajero de Silesia, su patria.

Apare­cidos en 1657, primero con el título Cosas espirituales rimadas en el sentido y en el final [Geistriche Sinn und Schlussreime], después en una segunda edición en 1675 con una adición y el nuevo título con que ahora se les conoce. Todos son dísticos de contenido místico, en parte escritos antes de la conversión, y poéticamente son éstos los más importantes. Cada uno de ellos re­coge un pensamiento. «Estos versos — dice la introducción — se escribieron espontánea­mente como nacidos del corazón y tratan de dirigir al lector hacia la contemplación del «Dios escondido y de su santa sabidu­ría», y allí «donde el intelecto se oscurece y vacila», prosiga el lector, «viviendo la contemplación divina con perenne amor por la gloria de Dios».

Para que el alma pueda llegar a estas alturas tiene que ser «de finí­simo oro, rígida como piedra, límpida como cristal». Dios está en esta alma «como el fuego», y ella está en Dios «como la apa­riencia», unidos así como el fuego lo está con la llama, que es su apariencia. De esta intimidad el alma «parirá al Señor», como hizo María, sin tratar de comprenderlo, por­que «Dios es pura nada, ni espacio ni tiem­po, y cuanto más se trata de asirlo, más pronto desaparece». Por eso, el alma está más cerca de Dios cuanto más tranquila está, sin afanarse en su vana búsqueda. En estas pequeñas composiciones líricas, Ange­lus Silesius expresa con gran ardor el an­helo de su alma hacia la «unión mística» con Dios. Algunas afirmaciones contienen un audaz paralelismo entre Dios y el hom­bre, como el famoso: «Yo sé que sin mí, Dios no puede vivir un instante.

Si yo me aniquilo, Él debe entregar su espíritu por indigencia». La colección entera es una ex­presión típica del misticismo barroco, lleno de contrastes y de antítesis: luz y tinieblas, eternidad y tiempo, todo y nada, gracia y desdén, vida y muerte, etc. Los primeros cinco libros revelan la lucha que el poeta hubo de soportar durante su conversión. Se encuentran ya en ellos versos contra la doc­trina de la predestinación, y se manifiesta la necesidad de una vida religiosa con más calor de humanidad: «El que cree sin amar, es como una caja vacía, que resuena, pero no contiene nada». En el sexto libro, Sile­sius, hecho ya fraile, entra en polémica con el protestantismo, renuncia a la pura vida contemplativa, y su mística se hace más activa. Ahora el mundo se convierte en una palestra de lucha donde nadie puede ser coronado, si no gana su corona en el com­bate de la vida, lo que sólo es posible para el cristiano católico.

Angelus Silesius no es un filósofo, sino un místico y sobre todo un poeta nacido, como otros poetas religio­sos de su época, de una necesidad del pue­blo alemán, fatigado por la guerra de los Treinta Años y por más de un siglo de árida discusión doctrinal. Su pensamiento se rela­ciona con la gran tradición del maestro Eckhardt en los Sermones de Tauler (v.) y ,de los demás místicos del siglo XIV a tra­vés de Falckemberg y de Weigel, cuyas obras conoció en Holanda. El quietismo de sus primeros libros influyó en la contempla­ción misticooriental de Rückert y ofreció pensamientos e imágenes a la filosofía de Schopenhauer, que lo definió: «maravilloso y de insondable profundidad». Pero ya su poesía de contenido religioso había sido exaltada por los románticos convertidos del grupo de Friedrich Schlegel y de Theodor Kórner. También en tiempos más recientes la exigencia de Silesius de «hacerse esen­cial» inspiró al poeta expresionista Ernst Stadler (1883-1914), el cual la parafraseó en la poesía «El Movimiento».

G. F. Ajroldi