La Salvación por los Judíos, Léon Bloy

[Le salut par les juifs]. Obra del escritor francés Léon Bloy (1846-1917), publicada en 1892. Este libro, en el que Bloy pensaba poner lo mejor de sí mismo y del que de­cía que era la única de sus obras que se atrevería a mostrar ante Dios en el Juicio Final, le fue sugerido por el célebre libelo de Drumont La France juive. A Bloy le irritó profundamente que Drumont enfocase sistemáticamente el problema judío desde un punto de vista político, cuando él pen­saba que se trataba de una cuestión esen­cialmente religiosa, que sólo los teólogos y exegetas cristianos podían ser capaces de resolver.

La coyuntura la aprovechó para lanzarse a una de sus lucubraciones poé­ticas favoritas, basándose en datos de las Sagradas Escrituras. Su tesis la cimenta en la idea de la predilección divina por el pueblo de Israel, mantenida pese a la mal­dición de Jesucristo y formalmente con­firmada por San Pablo en su Epístola a los romanos (v.). La miseria, el dolor y la igno­minia de los judíos en el transcurso de la historia, se le antojan al autor otros tantos testimonios de esta predilección divina. Si los judíos sufren es porque Cristo sigue siempre crucificado, y si parecen más viles y despreciables que el resto de los hom­bres es porque encarnan la imagen de Cris­to cargado con todos los pecados del mun­do. Jesús, en efecto, sigue, después de vein­te siglos, clavado en la Cruz; continúa pa­gando la redención de la humanidad, víc­tima de sus perseguidores,’ o sea, de todos los hombres y especialmente de los judíos, puesto que ellos fueron los que le crucifi­caron.

El suplicio de Jesucristo no podrá, por lo tanto, cesar hasta el momento en que los judíos se conviertan: la misteriosa re­cusación de la penitencia de los judíos se identifica con el misterio del «retraso de la Redención» y, como dijo San Pablo, de los sufrimientos que aún faltan en la pasión de Cristo. El pueblo judío, continúa Bloy, tiene, pues, perfecta razón en esperar a su Mesías, el cual no será otro que el Espíritu Santo, ese Espíritu Santo cuya lle­gada vengadora siempre esperó Bloy y que se constituye en eje de su religión poética después de las «revelaciones» que le fueron hechas en Helio por Anne-Marie Roulet, la Véronique del Désespéré. La salvación por los judíos, en donde particularmen­te destaca la espléndida evocación del mer­cado judío de Hamburgo, es, sin duda, la obra más oscura de Léon Bloy. Las bases exegéticas, a despecho de lo que pensara su autor, son harto débiles, y el libro no pasa de ser la obra de un poeta visionario.