Éxodo, Moisés

Es el segundo libro de la Biblia (v.) uno de los cinco del Pentateuco (v.) atribuido a Moisés y escrito en lengua hebrea. Conti­núa la historia del pueblo hebreo desde la muerte del patriarca Jacob (v. Génesis) hasta la llegada al desierto del Sinaí.

Los hebreos conocieron en Egipto largos años de prosperidad; después se encontraron en situación peligrosa. Moisés recibió en el monte Horeb la orden de liberar a Israel, y desde aquel momento es presentado bajo una luz taumatúrgica, que lo ilumina es­pecialmente en el período del éxodo. El Faraón impide la fuga del pueblo elegido; ni las nuevas plagas lo intimidan. Éstas si­guen unas a otras en pavoroso crescendo; sólo el asolar las familias —la muerte de todos los primogénitos— produce su efec­to. El itinerario seguido por los israelitas está indicado en el relato del Éxodo. El relato bíblico del paso del Mar Rojo (XII, 31; XIV, 31) acentúa el color taumatúrgico del hecho, proponiéndose poner de relieve la especial protección de Yahvé a su pue­blo. Aquí se produjeron dos fenómenos ex­cepcionales; un reflujo anormal y un fuerte viento del este, que harían posible el paso a los hebreos; en cambio, el flujo envol­vente sorprende a los egipcios que habían penetrado en aquel terreno casi seco para perseguir a sus adversarios.

Siguiendo el texto hebreo la duración de la permanen­cia de los israelitas en Egipto fue de 420 años; según la versión alejandrina 215. Acer­ca de la identificación del nombre del Fa­raón del Éxodo, por ahora hay dos hipó­tesis (Amenofis III, 1510 a. de C. o Menerptah, 1310 a. de C.). El cuanto al número de los israelitas liberados de la opresión egipcia la Biblia habla de 600.000 emigran­tes adultos sin contar los niños (más de 2.000.000 de personas). Pero las cifras están alteradas. Una cifra aceptada por muchos es la de 36.000 personas, y ya es mucho. El tercer mes de la salida de Egipto los israelitas llegaron y acamparon frente al Sinaí. Y allí junto a aquel monte, donde se extiende, la perspectiva en un escena­rio majestuoso, después de una serie de teofanías, se desarrolla la obra legislativa de Moisés, del Decálogo, promulgado por Dios y de las leyes civiles y rituales. Los israelitas se detuvieron casi un año a los pies del Sinaí. Se alejaron después de él y se diri­gieron hacia el norte con la intención de llegar a Canaán, la tierra prometida. Las leyes contenidas en el Éxodo formaron la esencia de la vida civil y religiosa del pue­blo hebreo.

G. Boson