Discursos sobre religión, Giovanni Gentile

[Discorsi di religione]. Son tres ensayos publicados en 1920. Contienen en escorzo toda la filosofía gentiliana: nada existe que sea real fuera de la «actualidad» del espíritu, el cual contie­ne «lo infinito del espacio y del tiempo… donde el historiador puede indagar todas las épocas; el naturalista, todas las regio­nes de la tierra e incluso las más remotas del cielo; y el mismo teólogo especular con aquella realidad trascendente, cuyo concep­to es la idea pura de la autoconciencia». Asimismo, la Religión, considerada en su elemento esencial, no puede ser sino el an­sia del bien, el amor y la fe que nos une, que solicita nuestros pensamientos y nues­tras acciones, el respeto de los valores hu­manos, es decir, un constante «disolver» y negar la particularidad empírica de nuestra existencia, para realizar en un plano supe­rior de vida aquello por lo que somos ver­daderamente hombres: la libertad moral.

La religiosidad no se reduce a una especial práctica confesional regulada por los dog­mas, sino que condensa en sí todo el es­píritu y lo impele a superar la realidad subjetiva de su propio ser y a liberarlo de la despótica necesidad de la materia.

Por ello, en toda actividad en que se halle en juego no un fugaz y caduco interés del in­dividuo. sino el interés general, se halla presente la Religión. Igualmente el Estado, si tiene plena conciencia de su misión, no puede ser laico, es decir, no puede deste­rrar de sus acciones todo valor religioso; aunque tampoco por ello, entiéndase bien, debe someter sus exigencias a una autori­dad externa — la Iglesia, el dogma —, sino llevar infusa en su actuación una intrínseca inspiración religiosa y moral. Y al igual que el político, el filósofo, el educador, el poe­ta, el héroe y cualquier otro que, aunque del modo más modesto y sencillo, pero con devoción y fe, atienda a su deber, ponen de manifiesto la libertad moral y la religiosi­dad en que consiste propiamente el destino último del hombre.

E. Cordignola