[Bog]. Oda del poeta ruso, iniciada en 1780, terminada y publicada en 1784, que dio súbita fama europea a su autor poniéndolo por encima de otros muchos poetas de la época que cantaron el mismo argumento (como Haller en La eternidad, B. Brockes en La grandeza de Dios, Gellert, Kleist, Klopstock, y G. B. Cotia, cuyo Himno a Dios fue erróneamente considerado por algún crítico como punto de partida de la oda de Derzavin).
Traducida quince veces al francés, ocho al alemán, varias veces al polaco, italiano, español, sueco, checo, latín, griego y japonés, la oda es una sucesión de consideraciones filosóficas sobre la naturaleza de la divinidad y sobre las relaciones entre Dios y el hombre que, en su forma poética, se funden en un único, grandioso e inspirado himno: «Oh Tú, infinito en el espacio, vivo en el movimiento de la existencia, eterno en el curso de los siglos, sin rostro y en los tres rostros de la divinidad: espíritu, en todas partes presente y único, para el cual no hay ni espacio ni causa, que nadie puede comprender, que todo lo llena de sí mismo, abraza, rige, conserva y que nosotros llamamos Dios»…
«Tú has llamado al caos inmemorable desde los abismos de la eternidad y la eternidad, nacida antes que el tiempo, has fundado en Ti mismo. Formándote a Ti mismo de Ti mismo, brillando de Ti mismo, Tú eres la luz, de que ha surgido la luz, oh Tú que has creado nueva creación. Tú fuiste, Tú eres, Tú serás por toda la eternidad…» «Yo soy Tu creación, oh Creador, criatura de Tu sabiduría, oh fuente de la vida, dispensador de bienes, alma de mi alma y Rey. A Tu verdad era necesario que mi existencia inmortal, pasase a través del abismo de la muerte, que mi espíritu se vistiese de mortales despojos y que, a través de la muerte volviese, oh Padre, a tu inmortalidad». Es evidente que más que el Dios de los cristianos en la oda de Derzavin, se siente a Jehová, con imágenes que proceden del «Viejo Testamento», actitud que se explica no sólo por la influencia del ambiente enciclopedista de la época de Catalina II, sino también por el estudio atento de los Salmos, que Derzavin tradujo o, mejor, refundió eficientemente.
E. Lo Gatto

