Sátiras de Soldani

[Satire]. Composi­ciones satíricas en tercetos de Jacopo Soldani (1579-1641), patricio florentino, doctor en Leyes, aficionado a las bellas letras, a las ciencias filosóficas, fisicomatemáticas y as­tronómicas; camarero del gran duque Fer­nando II y ayo del príncipe cardenal Leo­poldo, cónsul de la Academia florentina, fundador de la Academia del Cimento y glo­ria de la Academia de la Crusca.

Compues­tas en edad madura (hacia 1620), bastante apreciadas por los contemporáneos (F. Redi las alaba en las «Anotaciones» en su Baco en Toscana, v.), las Sátiras se publicaron en Florencia en 1751, más de un siglo después de su muerte. En número de siete, se suce­den en este orden: sobre la corte y sobre que la mala conciencia es atormentadora de sí misma (sát. I); sobre la hipocresía (sát. II); sobre la sátira (sát. III); contra los peripatéticos (sát. IV); contra el lujo (sát. V); contra la inconstancia de los deseos humanos (sát. VI); contra el lujo y la ava­ricia (sát. VII). Moralista penetrante, sin acritud, austero sin solemnidad, agudo sin complacencia ni obscenidad, Soldani no arremete contra el vicioso, sino que pinta y analiza el vicio, sobre todo la avidez de fuerza, la falsedad hipócrita, la vacuidad de alma, y opone a ellas la paz y sereni­dad de la vida campesina y el recogimiento en el verdadero Bien; y en la sátira V (de 1623) sostiene, en defensa de Galileo, sin dar nombres y con lenguaje sabiamente gracioso, el derecho a la libre especulación contra todo dogmatismo doctrinario.

Su ad­miración por Alighieri queda patente en las frecuentes reminiscencias de versos y pa­sajes de la Divina Comedia (v.); pero el estilo de Soldani, sea vivo o grave, sen­tencioso o dialogado, erudito o popular, mantiene siempre un tono llanamente dis­cursivo, sin arrebatos de apostrofes o de invectivas; por otra parte es natural que así ocurriera en quien escribía movido no por resentimientos personales, sino para en­señanza y provecho de los demás (sát. III). Sátira, por tanto, morigerada y prudente, pobre en humor y en poesía, pero signifi­cativa desde un punto de vista ético y li­terario.

L. Vertova