Porfiar Hasta Morir o Macías el Enamorado, Félix Lope de Vega Carpió

Comedia dramática en tres actos, en verso, de Félix Lope de Vega Carpió (1562-1635), publicada en la «Parte XXIII» de su teatro (1638).

Dramatiza la leyenda del trovador galaicoportugués Ma­cías (fines del siglo XIV), del cual nos quedan algunas poesías en el Cancionero de Baena. Existen dos versiones de esta leyenda, que parece sugerida por una interpretación histórica de su poesía. En ambas versiones Macías ama a una mujer casada y la celebra en canciones apasionadas, que andan en boca de todos. En la primera el poeta es asesinado por el celoso marido, que lo sorprende bajo la ventana, besando la tierra pisada por los pies de su esposa; en la segunda, el marido hace encarcelar a Macías, pero como ni aun así logra sofo­car la voz del cantor, lo mata arrojándole una lanza a través de los barrotes de la prisión.

Lope sigue la segunda versión, que saca de la Nobleza de Andalucía, de Argote de Molina. Macías, dejando el estudio por la espada, se encamina hacia Córdoba con su criado Ñuño, para presentarse con una carta de recomendación al Gran Maestre de la Orden de Santiago. En las cercanías de la ciudad, Macías y su criado liberan a un caballero atacado por unos bandidos. Tras partir el caballero, cuya recompensa recha­za, Macías se entera por personas de su séquito, que no era otro que el Gran Maes­tre de Santiago. Se dirige entonces a la corte, donde es amablemente acogido por el Maestre y su esposa. Allí Macías se ena­mora de una de las damas de la Corte, la bella Clara, pero sabe que la doncella está ya prometida a uno de los principales caballeros, don Tello de Mendoza.

Macías entonces quiere «morrer de amor», y soli­cita participar en la guerra contra los mo­ros. Pero la muerte le es esquiva, y su he­roísmo proporciona al Maestre de Santiago la victoria contra Almanzor, rey moro de Granada. El rey don Enrique quiere pre­miar su valor, y Maclas pide entonces la mano de Clara. Pero la boda de Clara con Tello está ya concertada, y en compensa­ción se conceden a Maclas grandes honores. El apasionado poeta canta su amor en estro­fas enamoradas que van de boca en boca y que hasta repiten en árabe los musul­manes de Granada. Tello halla ofensiva para su propio honor la obstinada corte de Ma­clas y recurre al Maestre, quien más de una vez reprende al poeta por su loca pa­sión; pero el destino de Maclas es el de perseverar hasta la muerte, y entonces el Maestre, para sustraerlo a la cólera de Tello, lo hace encarcelar.

Pero ni siquiera los muros de la prisión logran sofocar la voz del poeta, y entonces Tello se venga arrojándole una lanza a través de los barro­tes de la cárcel. Lope ha infundido en la comedia los elementos líricos de la leyenda, acentuando a la vez su valor dramático. Ha reconstruido el pasado con un notable sen­tido del color y del clima, poniendo en boca del poeta los famosos versos de Juan de Mena: «Amores me dieron corona de amor». Pero sin quererlo, el autor se ha encontrado frente al conflicto entre los dere­chos de la pasión y los del matrimonio burgués, tantas veces exaltado por él en la es­cena, ya que no en la vida, y no ha sabido o no ha querido resolver este conflicto; esto, como hace notar Vossler, perjudica el sen­timiento trágico. «Hay además un personaje cómico, Ñuño, criado del trovador, que con sus burlas y ocurrencias hace que el plato­nismo y las angustias cordiales de su señor aparezcan como vana insensatez, y que la atención de los espectadores oscile entre lo cómico y lo trágico.

Finalmente, todo acaba en un auténtico júbilo teatral, muy de Lope, que se complace en el conflicto social y en el choque de las fuerzas en pugna, por lo que en lugar de tragedia, tenemos una espe­cie de «debate», en el que encaja admira­blemente la circunstanciada descripción del juego del anillo tras la boda de Tecla con todas sus galas y sutilezas ornamentales».

C. Capasso