El propio Renard sacó de este libro la comedia homónima, en un acto, estrenada en París el 2 de marzo de 1900. En ella queda en primer plano la figura del padre, mejor caracterizado, con su humanidad, su resignada sabiduría, su dolor, gracias al cual se encuentra y se entiende con el hijo en la viril y consoladora amistad. El protagonista es presentado de mayor edad (dieciséis años), de modo que se comprende mejor la idea del suicidio, sólo insinuada en el libro como una veleidad fugaz.
El escorzo escénico es vigoroso, el ritmo es casi el mismo que en el volumen, más agudo, grave de verdad, penetrando directo hasta iluminar el misterio de las almas grises. Alta poesía escénica, por lo que la obra se cuenta entre las mejores del llamado teatro naturalista.
V. Lugli

