Pedro de Urdemalas, Miguel de Cervantes Saavedra

Comedia en tres actos y en verso, de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), publicada entre las Ocho comedias y ocho entremeses (v.) en 1615.

Dos motivos típicamente cervantinos llenan los planos más destacados de la co­media : la sátira contra las magistraturas populares que se halla también en el entre­més La elección de los alcaldes de Daganzo, y la vida romántica de los gitanos, tal como aparece también en la novela cer­vantina La Gitanilla (v.). Entre estos dos planos oscila un personaje excepcional, Pedro de Urdemalas (v.), una especie de «pícaro» proverbial, prestado por el folklore, al que una presentación mejor hecha, menos episódica, habría sabido colocar cier­tamente a la misma altura que las mayores figuras cervantinas.

Astuto, aventurero, cí­nico y, sin embargo, noble; rodando por todos los oficios, Pedro es casi un símbolo del pueblo que desde el fondo anónimo de la sociedad («Yo soy hijo de la piedra, que padre no conoscí»), se lanza sobre la vida para vivirla en todas sus formas. Un quiromante le ha profetizado que un día será rey, fraile, papa, volatinero, y Pedro espera verdaderamente que se cumpla la profecía. En el primer acto lo encontramos de ser­vidor y consejero legal de un divertido al­calde rústico; allí lleva ingeniosamente a buen fin las intrigas amorosas de amigos que están locos por las hijas de su señor.

En el segundo acto, se enamora de Bélica, una gitanilla graciosa, se hace gitano por su amor y, para obtener su mano, engaña a una viuda avara y beata, fingiéndose un alma evadida del purgatorio para reco­ger ofertas expiatorias en nombre de sus compañeros de pena. Pero Bélica es nada menos que la hija de un príncipe, y des­pués del reconocimiento, Pedro de Urdemalas ha de resignarse a sufrir una nueva encarnación: la de actor, en la que encuentra el equilibrio de sus facultades y el cum­plimiento de la profecía, puesto que ahora puede ya ser, aunque sólo sea en ficción, papa, rey, emperador, y todo como un «Pro­teo segundo».

Los críticos están unánimes en reconocer a esta comedia como la mejor de las de Cervantes, todas en general poco felices: hay en ella la misma simpatía hu­mana por los desheredados de la fortuna que la que campea en las Novelas ejem­plares (v.), la misma irónica complacencia por los contrastes entre sueño y realidad que en el Quijote (v.), el mismo amor por lo pintoresco; elementos todos que ha­llan su centro y su unidad en la fantasía del autor, que también aquí, como en sus obras maestras, funde felizmente los efec­tos de la imaginación con los inmediatos de la vida.

A. R. Ferrarin

Es un tumultuoso himno a la soberanía de la fantasía, una celebración entusiasta de los derechos del sueño, entonada casi sobre una violenta música gitana. (G. A. Borgese)

Pedro de Urdemalas, comedia poética, ilusionista, rica en personajes y situaciones, es la mejor obra del género extenso de Cervantes, hombre de teatro. (A. Valbuena Prat)