Los Castigos, Víctor Hugo

[Les chátiments]. Colec­ción de poesías satíricas publicada en 1853 por Víctor Hugo (1802-1885), en la que el poeta, en destierro voluntario después del golpe de Estado del 2 de diciembre, des­ahogó toda su execración contra Napo­león III, considerado por él como símbolo de la Tiranía. Hugo pone al servicio de su furor toda su habilidad técnica y su des­enfrenada grandilocuencia, versificando, con intrépida desenvoltura, todos los motivos con los que había nutrido el atroz libelo publi­cado un año antes bajo el título de Napo­león el Pequeño (v.). La evidente exagera­ción de muchas acusaciones no quita vigor al ataque, pues el poeta, con su acostumbra­do amor a lo gigantesco, acaba construyendo un personaje de proporciones desmesuradas, en torno al que se polariza todo el Mal inmanente de la historia humana, todos los aspectos más odiosos de una política de vio­lencia y de fraude. Pesa, en cambio, en la colección, más que nunca, la sistemática y mecánica abundancia que constituye el ma­yor defecto de toda la obra de Hugo: la oratoria de los desarrollos y la minuciosa insistencia de las reseñas, por lo que dividió su recopilación en siete libros nada menos, adornando cada uno con un título irónico y programático («La Société est sauvée», «L’ordre est rétabli», «La famille est restaurée», «La religión est glorifiée», «L’autorité est sacrée», «La stabilité est assurée», «Les sauveurs se sauveront»).

Pero todavía hoy se recuerdan numerosos apostrofes, crudas sentencias de alto estilo: Napoleón el Peque­ño es el hombre que, como un ladrón, «de nuit allume sa lanterne — Au soleil d’Austerlitz»; cuando entra con gran pompa en Nótre-Dame, un mes después de su deli­to, Cristo, desde la Cruz, «avait été cloué pour qu’il restát»; a quienes no dan im­portancia a sus palabras, diciendo: «Bah! Le poete! II est dans les nuages!», el poeta responde orgullosamente: «Soit. Le tonnerre aussi…» Hasta la célebre maldición (ante la idea de que su adversario podría alabarse de «quedar», como fuese, en la Historia): «Non, tu n’entreras point dans l’Histoire, bandit! — Haillon humain, hibou déplumé, béte morte, — Tu resteras dehors et cloué sur la porte.» Por otra parte, la colección contiene algunos poemas en los que el poe­ta alcanza verdadera grandiosidad: «Aube», donde aparece espléndidamente el cantor de tantos mágicos cuadros naturales; «La Ca- ravane», donde es el Hugo visionario, con toda su fuerza sugestiva; y la famosa «Expiation»: los apocalípticos cuadros de la ca­tástrofe de Napoleón el Grande («Waterloo! Waterloo! Waterloo! morne plaine!»).

M. Bonfantini