Las Nubes, Aristófanes

Des­pués de una noche de insomnio por las preocupaciones que le causan las deudas que ha contraído su hijo Fidípides, Estrepsíades decide tomar lecciones de sofística, que le sean útiles para convencer a los más reacios de sus acreedores, de Sócrates, el cual habita cerca de allí, en su Pensatorio.

Sócrates lo recibe colgado del techo en un cesto, y, bajo los auspicios de las Nubes, las nuevas dio­sas de los sofistas, comienzan las lecciones; pero los re­sultados son tan mediocres, que Estrepsíades es echado de la escuela. Las Nubes entonces le aconsejan que su hijo ocupe su puesto en la escuela.

Después de un rápido aprendizaje, Fidípides sale un alumno tan aventajado que consigue alejar a sus acreedores. Sin embargo, poco des­pués la emprende a palos con su padre, a quien le de­muestra con la misma destreza dialéctica que lo hace por su propio bien. Estrepsíades, arrepentido de haber pedi­do ayuda a las Nubes, pide a Hermes que lo inspire y derriba con sus esclavos el Pensatorio, prendiéndole fuego.