Las Báquides, Plauto

[Bacchides]. Comedia de Plauto (255?-184 a. de C.) en la que son protagonistas dos hermanas del mismo nom­bre, de la misma índole, y de edad idénti­ca, entregadas ambas a una vida alegre y equívoca. Con sus artes Baquis I ha conseguido engatusar al joven Mnesiloco; pero durante la ausencia de éste, prefiere seguir a un pretendiente más rico, el soldado Ciómaco, el cual se ha asegurado la fidelidad de ella con un préstamo de veinte minas. Enterado de la traición, Mnesiloco ruega a su amigo Pistoclero que descubra donde está la muchacha. Pistoclero la encuentra; pero al mismo tiempo conoce a Baquis II, cae en sus redes amorosas, y he aquí a los dos amigos enamorados de las dos herma­nas. Para liberar a Baquis I del inoportuno soldado, se necesitan veinte minas; Crisalo, el criado de Mnesiloco, consigue engañar al padre de su amo, el rico Nicóbulo, y se pro­cura el dinero, pero este engaño está des­tinado a resultar vano, porque Mnesiloco devolverá la cantidad a su padre en cuanto sepa que su amigo Pistoclero le ha engaña­do, enamorándose de Baquis, y haciendo traición a su amistad. El equívoco, sin em­bargo, dura poco: son dos las Báquides y si la una es amiga de Pistoclero, la otra sigue siendo suya. Sabiendo la verdad, Mnesiloco pide a su criado que le procure de nuevo el dinero, y Crisalo, inagotable en expedientes, medita un nuevo enredo; hace sorprender a las dos jóvenes, en alegre ban­quete, por el soldado, el cual, furioso y co­lérico, quiere matarlos a todos; el viejo Nicóbulo, temiendo por la vida de su hijo, está dispuesto a apaciguar al energúmeno que, según le ha dicho el criado, es el ma­rido de aquella joven.

La cantidad conve­nida será precisamente las veinte minas que Baquis ha recibido en préstamo. Resuelto ya todo del mejor modo, Nicóbulo y Filoxena llaman a la puerta de las Báquides, con los más severos propósitos de castigar a sus hijos, pero después seducidos por las gracias de las dos encantadoras jóvenes aceptan la invitación al banquete, con lo que se cierra alegremente la comedia. En ella, Crisalo, el criado astuto, parecido a Epídico (v.), a Stico (v.), a Pseudolo (v.) y a tantos otros criados plautinos, sobresale de los demás personajes y hasta de los prota­gonistas, los cuales no se diferencian de los cortesanos de las demás comedias, sino por un mayor tono de vivacidad, un trazo más señoril, y a veces, un mayor atractivo. Ca­racterísticas que proceden de Menandro, en el cual la escena principal de la obra cuyo título era El doble engaño, consistía precisamente en el segundo enredo del cria­do. Pero en esta comedia, la mayor sen­sibilidad y el señorío de Menandro, a la vez que atemperan el natural impulso po­pular de Plauto, le dotan de una trama y de un ambiente perfectamente de acuerdo con su propia naturaleza, de manera que, criados, cortesanos y jovenzuelos, pueden entremezclar su acostumbrado juego vivo, a la vez que contienen al comediógrafo de entregarse demasiado a escándalos y obs­cenidades.

F. Della Corte