Barahunda, Gerolamo Rovetta

[La baraonda]. Una de las más conocidas e importantes novelas del escritor italiano Gerolamo Rovetta (1851- 1910), publicada en 1894. Tiene como fondo el ambiente intrigante y político de Lombardía después de la unificación del reino de Italia. Está dividido en dos partes: «Cantasirena» y «La Barahunda». En la primera parte destaca precisamente Matteo Cantasirena (v.), explotador hábil de su pasado de buen patriota en beneficio de sus arries­gadas empresas periodísticas y especulati­vas, intrigante y grandilocuente, estafador y generoso al mismo tiempo, que vive, acosado por los acreedores, en compañía de dos mu­chachas venidas Dios sabe de dónde y a quie­nes llama «sobrinas». La primera, Evelina, feúcha, llena de astucia maliciosa, ayuda a su tío en algunos trabajos de redacción; mientras Nora, bellísima, y procaz, ávida tan sólo de lujos, quiere salir a cualquier precio de aquella vida precaria; por ello abandona a un ardiente enamorado, el jo­ven periodista Pietro Laner (otra víctima de Cantasirena) y, con la complicidad del tío, fingiéndose seducida, consigue casarse con un viejo noble, chocho pero cumplido caballero, el duque de Casalbara. En la se­gunda parte asistimos a un hiperbólico cres­cendo de novelescas intrigas y a menudo de auténticas estafas urdidas por Cantasirena en apoyo de una sociedad fantástica (la «Navegación Cisalpina») creada por él con el apoyo de personalidades acreditadas bajo la égida de nombres de confianza, uno de ellos, Casalbara. Nora le ayuda en esta em­presa, que acaba por llevar a la ruina al marido, desacreditando además su nombre hasta tal punto que el viejo duque pierde la vida.

La cosa se va al traste, gracias a una campaña de prensa iniciada por un acérrimo enemigo de Cantasirena y de Nora, un financiero sin escrúpulo, pero po­deroso que al final intervendrá para hacerse cargo de la sucesión de la sociedad y sal­var (teniéndolas en sus manos) a todas las personas comprometidas, incluyendo a Can­tasirena, porque «ya era hora de acabar con tantas exageraciones, con tantas calum­nias…; andaba por medio el crédito del país, la sinceridad, la moralidad de los ne­gocios…, y la pobre duquesa Eleonora, un modelo de perfección, espejo de gran dama cristiana…». Estos irónicos toques finales, dan la medida del pesimismo fundamen­tal de la novela en la cual Rovetta, con evidente influencia extranjera (Zola y sobre todo Daudet), ha querido presentar un amplio cuadro de vida social. A los heroi­cos tiempos del «Risorgimento» italiano hay el peligro de que suceda una época de ne­gocios deshonestos en la cual el pintoresco Cantasirena, el ex patriota embaucador, charlatán y privado de sentido moral, aca­ba por perder por completo su primitiva bondad y generosidad de espíritu. La nove­la, con su dilatada trama, resulta algo con­fusa y endeble en ciertos pasajes (la figura de Laner y sus amores con Nora y Eveli­na), en que se abandona a un sombrío na­turalismo de costumbres y a un cierto des­cuido de estilo. Conserva, sin embargo, una innegable justeza y vivacidad por lo que es considerada por algunos la obra más im­portante de Rovetta. En vista del éxito, la novela fue convertida en drama por el propio Rovetta, pero sin fortuna y con es­casos resultados artísticos, según confesó el propio autor.

M. Zini