La Sombra, Dario Niccodemi

[L’ombra]. Comedia en tres actos de Dario Niccodemi (1874-1934), representada en Milán en 1915. La acción se desarrolla en París, como otras comedias del mismo autor, el cual, presentando si­tuaciones dramáticas insolubles sin el di­vorcio, necesitaba un ambiente que consin­tiese esta institución para poder resolverlas con un final optimista, si no feliz. Berta Trégnier es la esposa, aquejada desde hace seis años de parálisis histérica, de Gerardo Trégnier, pintor ilustre y no menos afor­tunado como hombre que como artista, pero sin dejar de parecer el más atento de los maridos a causa de un afecto que es piadosa veneración hacia la infeliz esposa.

Inesperadamente Berta se cura; y, casi ce­losa de su propia felicidad, mantiene se­creta su curación para proporcionar una alegre sorpresa a su marido; pero a ella misma le está reservada una sorpresa muy dolorosa cuando llega al estudio de su ma­rido y se da cuenta de que no es más que su segunda casa, donde esconde a su her­mosa amiga, de la cual ha tenido además un hijo. La llegada de Gerardo que, tras­tornado al verse ante la esposa curada, querría ocultarle la verdad, y de Elena, que con su sola presencia la convierte en más evidente y más atrozmente ofensiva, hacen añorar a Berta su enfermedad que por lo menos le proporcionaba una ilusión: la de poder aún ser feliz si por milagro pudiese curarse. Ahora el milagro se ha producido y la felicidad es imposible. Su desgarramiento se intensifica por la felici­dad, aunque ilegal, de los dos amantes, en­tre los cuales el niño se impone con todos sus derechos. Berta, que lo sabe, desea alejarse; y casi se resignaría a entrar de nuevo en su enfermedad, mientras espe­ra poder acostumbrarse a la idea de re­hacer de otro modo su vida: durante mu­cho tiempo había sido la sombra triste de su marido; ahora será la sombra benéfica que desaparecerá para dejar que la vida del marido siga su curso dentro de una re­construida regularidad humana y legal.

Co­mo en todas las comedias de Niccodemi, la habilidad del planteamiento del caso dramático y la maestría del desarrollo es­cénico despiertan un interés que va renovándose continuamente en el diálogo ce­ñido y vibrante de sinceridad que llega al cinismo. Y, si bien el caso particular de La sombra es, en sus proporciones, excepcio­nal, la comedia juega con elementos de humanidad, de común comprensión y de difusa simpatía en la sensibilidad del pú­blico.

M. Ferrigni