La Nariz, N. Gógol

El asesor cole­gial Platón Kováliov se despierta una mañana sin nariz. Al salir embozado y avergonzado para su acostumbrado paseo, se encuentra con su propia nariz en uniforme de gala de Consejero de Estado, y ve cómo ésta lo rechaza con altivez y se aleja.

Tras muchos vanos intentos de lo­calizarla, y numerosas conjeturas sobre el autor de tan singular robo, un policía devuelve a Kováliov su nariz, que ha sido atrapada mientras trataba de abandonar el país. Un médico intenta en vano pegarle de nuevo la nariz en su sitio, pero el problema lo resuelve la mis­ma nariz al regresar espontáneamente a la cara de su pro­pietario. Entre las caricaturas que pueblan el relato des­taca la del barbero Iván Yákovlevich, que encuentra la nariz en un panecillo al comienzo del relato.