Antoine Roquentin se ha trasladado a Bouville, un pequeño centro de provincias para terminar un libro de historia. Un día, advierte de improviso una extraña sensación: nada le parece ya como antes, los objetos le dejan una especie de náusea, el trabajo se le hace tedioso.
Mientras, consigna fielmente en un diario sus amargas reflexiones: describe el «formidable acontecimiento social» que constituye un domingo en provincias; cuenta la visita al museo, donde figuran los retratos de las celebridades locales; refiere con conmiseración e irritación las confidencias del Autodidacta, un tipo al que ha conocido en la biblioteca, lleno de una candorosa fe en el humanitarismo.
La conciencia de existir provoca en Antoine una violenta repugnancia: renuncia a dar cima a su investigación histórica. Solamente la música pone fin al vértigo de la náusea, y será la música la encargada de sugerirle la solución: crear, escribir un libro que deje huella de su experiencia y le permita «aceptarse».

