La Escuela de las Mujeres, Jean-Baptiste Poquelin (Moliere)

[L´cóle des femmes]. Comedia en cinco actos en verso estrenada en París el 29 de diciembre de 1662. Arnolfo, anciano solterón, que desconfía de todas las muje­res, se hizo cargo de la hija de un matri­monio pobre, Inés, a la que crió en la total ignorancia del mundo y de la vida para ha­cer de ella una esposa segura.

Al regresar de una breve ausencia, se entera de que la inocente ha sido cortejada por un joven y que lo acogió en su casa, apenada por el dolor que éste aseguraba sufrir. Aterrori­zado, Arnolfo le explica que ciertas inti­midades tan sólo están permitidas entre marido y mujer, y entonces ella cándida­mente le pide que la deje casar con el jo­ven. Él declara que la casará en seguida, pero con otro hombre. Y hace el propó­sito de acelerar la boda; sigue en efecto confiando en la ingenuidad de la muchacha, a pesar del gran peligro que le amenaza. El cortejador es el hijo de un amigo de Arnolfo, Horacio, que, no sabiendo lo que él representa para Inés, le ha contado la aventura y le promete contarle todos sus pormenores, a medida que vaya desarrollándose.

La muchacha, encerrada en su casa, le confirma su amor, en un billete; lo introduce en su habitación y decide escaparse con él. Con la más ingenua astucia echa a perder todas las severas medidas de Arnolfo, que, mientras ve despertarse en ella a la mujer, siente que la ama y sufre por perderla. El joven llegará por la noche a recoger a su amada, su­biendo con una escalera hasta la ventana de su cuarto: el desgraciado Arnolfo ins­truye a sus criados para que acojan con una buena paliza al nocturno visitante. Éstos le tumban al suelo; lo creen muerto, se asustan y huyen; baja Inés, y se le entrega. Horacio lo cuenta todo a Arnolfo y le ruega que vigile a la muchacha du­rante una breve ausencia. En la oscuridad él revela su personalidad a Inés, la repro­cha y suplica. Todo inútil, ya que sola­mente Horacio supo despertar en ella el sentimiento que para sí pretende el an­ciano; desesperado, éste habla de encerrarla en un convento. La suerte parece favorecerle, pues el padre de Horacio y su amigo Enrique tienen ya proyectada una boda para el joven.

Pero la muchacha con la que Horacio ha de casarse es precisa­mente Inés, hija de secretas nupcias de Enrique, y confiada a una campesina que por su extrema miseria la había cedido a£|i Arnolfo. Es la primera obra maestra dé^ Moliere, que afirma en ella su sencillo y luminoso ideal de arte y su concepción de la vida. Las eternas astucias de los jóvenes enamorados contra los ancianos celosos es­tán aquí animadas por un espíritu pro­fundo: es la verdad, la ley de la naturale­za, por la que resultan derrotadas todas las tentativas de Arnolfo. Porque él va contra la naturaleza, que en cambio conduce a Inés por el justo camino. Y el sincero su­frimiento del hombre no impide la risa, ya que es castigo de la ley violada. La lozanía de Inés, que despierta a la vida, es descrita con mano de verdadero poeta, mientras el caso de Arnolfo es dramático y patético; sin embargo, el aire sigue siendo cómico. Dentro de la nueva medida del clasicismo francés se acogen tendencias rabelesianas, como las disertaciones sobre la desgracia conyugal, y la amonestación a soportarla serenamente, a recordar que está más cerca de ella quien más la teme. La áspera crítica de que la comedia fue ob­jeto por parte de los rivales celosos, de los mundanos descontentadizos y de los devo­tos, sólo sirvió para poner más de relieve la feliz novedad de la obra. [Trad. de Carlos Barral en Selección de Obras de Moliere, Barcelona, 1951].

V. Lugli

Hombre franco; he aquí la palabra que más le conviene. Nada en él de deformado, de desfigurado. ¡Y qué grandeza! Dominó las costumbres de su tiempo, mientras Iffland y Kotzebue se dejaron dominar por las costumbres del nuestro, y por ello parecen tan atados y limitados. Moliere corrigió a los hombres, aunque representándolos en su verdad. (Goethe)

Moliere es único porque, con su gran genio, es el menos académico de los auto­res cómicos y el más próximo a la farsa de Tabarín. (Lanson).