Fábulas en «Slang», George Ade

[Fables in Slang]. Con estas fábulas el humorista americano George Ade (1866-1944) se impuso a la aten­ción de un público vastísimo. Las iba es­cribiendo semanalmente, para el «Chicago Record», de cuya redacción formaba parte como cronista. Los protagonistas de estas composiciones (parte en verso, parte en pro­sa) no son animales parlantes, sino hom­bres y mujeres, «tipos» que el escritor veía a su alrededor y que se complacía retra­tando de manera paradójica, con un len­guaje de su propia invención, que, en un marco arcaico (hasta con frecuencia utiliza la mayúscula inicial en los nombres co­munes), usa palabras y locuciones moder­nísimas tomadas del habla familiar y de jerga, divirtiéndose con los contrastes que dan lugar a sabrosos efectos humorísticos. El público se sorprende y ríe; pero, andan­do el tiempo, Ade se impuso también a los intelectuales, que reconocieron en él a un escritor genial y a un observador agudo de la vida contemporánea en los Estados Uni­dos.

Por ejemplo, en su primera fábula, contaba la historia de «Hermana Mae, que se las arregló de manera imposible de ser mejorada». Mae era hermana de Luella, la «que parecía ignorar el valor de la Cola­boración Organizada (Team Work)…». Lue­lla trabajaba en un establecimiento y el Dueño le pagaba cada Sábado Tres Dóla­res. Hermana Mae era pequeña de Inte­lecto pero amplia de Formas. Convertida en Cajera de Restaurante, como era todo un Tipo, se casó con un Agente de Bolsa (Bucket Shop man) que no era Bello, pero sí muy Generoso…». «Cuando Mae entró en Sociedad, y se halló plena de Prosperidad, ¿se olvidó de Luella? De ningún modo. Con­cedió a su Hermana el Puesto de Subcocinera con Cinco Dólares por semana. La mo­raleja es: La Laboriosidad y la Perseveran­cia llevan consigo una segura Recompensa». Otra de las más sabrosas es la del «Profe­sor que quería Estar Solo» [«The Professor who Wanted to Be Alone»], porque (aunque no fuera más que por una sola vez) quería «pensar». Para conseguirlo, se elevó en un globo cautivo y, suspendido en un trapecio, pudo por fin fijar su pensamiento en un importante problema: ¿Cómo pagar sus deu­das? La soledad y la posición aclararon sus ideas: pedirá un empréstito a su cuñado. La moraleja es: «Huye de la muchedumbre».

Otra más: «La fábula de cómo el Coco falló en su Empeño» [«The Fab le of how the Fool-Killer (al pie de la letra «el matalo­bos», figura mítica del folklore americano, que se corresponde poco más o menos con el Coco), Backed out of a Contract»]. El «Fool-Killer», invitado a tratar, como me­rece, a la multitud que llena un gran par­que de atracciones, porque ha «pagado» para estar allí, mira, con su nudoso bastón en la mano, más allá de la verja, y piensa que, efectivamente, son demasiados concu­rrentes. Descontento de sí mismo, vuelve a la ciudad y da vueltas por ella hasta en­contrar «en la calle a un tendero que no se anunciaba» y le pega con su bastón. Mo­raleja: «Todo el que se sienta un poco atontado («Those who expect to be Luny») hace siempre bien estando acompañado». Estos pocos ejemplos — a los que en verdad la traducción no favorece — pueden bastar, sin embargo, para dar una idea de la con­centrada fuerza satírica del autor, y de su personalísima manera de «fustigar las cos­tumbres riendo». No es ciertamente el pri­mer escritor americano que haya recurrido al «Slang» con fines humorísticos, pero es verdaderamente uno de los que han sabido valerse de este medio con mayor eficacia. Sería bastante difícil evaluar su influencia sobre Don Marquis y, más aún, seguramen­te, sobre Stephen Leacock. Un crítico ame­ricano, T. L. Masson, declara: «Es imposible sobrevalorar la influencia de un George Ade sobre una generación entera. Ade in­fluyó en sus conciudadanos viviendo en me­dio de ellos y beneficiándolos con su misma presencia».

L. Krasnik