En la Sangre, Eugenio Cambaceres

Novela del escritor ar­gentino publicada en 1887. Obra característica de la época de la iniciación de la novela natu­ralista en Hispanoamérica.

Es una sátira de la codicia y el arribismo de los hijos de los inmigrantes, extensiva, en realidad, a toda la sociedad argentina de entonces. El protagonista, Genaro Piazza, nace y se cría en un sórdido «conventillo» porteño de 1860. Es hijo de un napolitano, tachero ambu­lante, que ha juntado cierto capital, a fuer­za del trabajo incesante y privaciones suyas y de los suyos; a la muerte del padre, la madre sueña hacer de él un señor, mejor dicho, un «doctor», porque, piensa ella, en América el «doctor» es como el rey en Italia. Genaro tiene diez años. Había ido a la escuela mandado por la madre, a es­condidas del padre, que no veía tal necesi­dad.

Pero lleva «en la sangre», dice el autor, elementos del ambiente, de la raza, a los que no puede sustraerse. A Genaro no le interesa saber, sino avanzar, de cualquier modo; no tiene otra ambición que el dine­ro. El éxito en los exámenes lo consigue con fraude. Pero no termina la carrera. Ha comprendido que la mejor solución es casarse con una mujer de dinero. Y empieza el asedio de Máxima, hija única, sin expe­riencia, muy joven, de familia tradicional. Consigue introducirse en la casa. Como piensa, con razón, que la familia se opondrá al casamiento, la hace su amante. Cuando Máxima se ha dado cuenta de la clase de hombre que es, está embarazada y tiene que casarse con él. Poco después muere el sue­gro. Esa noche fuerza el escritorio y se apo­dera de una suma importante de dinero. Ante las varias posibilidades que se le ofre­cen, opta por los negocios. Llevar vida de gran señor, o dedicarse a la política, no le merecen sino desprecio. Con cincuenta mil pesos hace, en tres meses, un millón.

Pero no ve la crisis (preliminar de la gran crisis del 90) que se avecina, ni que está lleno de compromisos bancarios no levan­tados, por la extensión de sus operaciones. Piensa que no vendiendo por menos de lo comprado, procurará sostenerse, se salvará, puesto que llegan cien mil inmigrantes al año, que han de instalarse, comprar terre­nos, construir… Recurre a su mujer, una y otra vez. La engaña, falsificándole el monto de los documentos en que le pide la garan­tía. Máxima termina negándose a firmar. De nada le vale amenazarla con matarse. Hoy el interés de esta obra, a ratos pode­rosamente escrita, radica, sobre todo, en la gran fuerza satírica, sostenida y constante. El autor habla por boca de cada uno de los personajes, y las situaciones están vistas desde el ángulo de cada uno. Pero lo que particularmente fustiga es la codicia.

Es también poderosa la descripción que hace de Buenos Aires en la época de la gran afluencia inmigratoria, anterior a la revo­lución del 90. Todo ello está expresado en el habla porteña corriente, quince o veinte años antes de su utilización por los drama­turgos ríoplatenses. El crítico argentino Ro­berto F. Giusti ha dicho que Cambaceres «alcanza una viveza tan espontánea en el manejo de la lengua escrita, totalmente identificada con la prosa conversacional, a ratos algo aplebeyada, que es un placer leerlo».

E. F. Rubens