En la Portería, Giovanni Verga

[In portineria]. Boceto dramático de (1840-1922) sacado de una de sus novelas cortas milanesas: «El canario N. 15» (v. Por las calles) y representado el 16 de mayo de 1885.

Esta vez el trabajo teatral adquiere las cualida­des artísticas de la narración y las elabora, en una caracterización más acabada de los personajes, y en un movimiento mayor de la acción. Aquel cuento era apenas un esbo­zo, delicado y triste; madurado más repo­sadamente en la fantasía, quedó mejor en su segunda redacción teatral. Son protago­nistas dos hermanas: Gilda y Malia, ambi­ciosa y vana la primera, enferma y de co­razón humilde y afectuoso la segunda. Un joven obrero, Carlini, se enamora de la ma­yor, y habla con ella en la portería; pero Gilda le desprecia y piensa en las plumas de los sombreros, y se viste de señora con los regalos de un amante muy distinguido. El enamorado desahoga sus penas con Malia que se le parece algo a Gilda y la pobre enferma es presa de una pasión silenciosa por su incauto confidente.

La catástrofe es lastimosa. Nuestra Malia agoniza; a su lecho de moribunda acude su hermana que hacía algún tiempo había abandonado la casa pa­terna, y Carlini con inconsciente crueldad para el pobre corazón de la enferma, intenta reanudar, allí, ante los ojos de ella, con palabras amorosas, sus antiguas relaciones con Gilda, y mientras los dos jóvenes se entregan a los recuerdos de su antiguo amor, Malia, en un ataque de su enferme­dad, se desmaya. Todos gritan. Cae el telón. Este final podría parecer romántico, y no lo es; el amor silencioso de Malia no está coloreado nunca de sentimentalismo; por el contrario, tiene reflejos tristemente hu­morísticos por la incomprensión bonachona de Carlini, que habla afectuosamente a la víctima sin saber el daño que le causa; por las sabrosas escenas entre la señora Giuseppina, ingenuamente deseosa de dar ma­rido a sus hijas y el señor Battista, bebedor, fanfarrón, lector del «Secolo» y que des­pués llora como un niño cuando le alcanza la desgracia.

El pequeño mundo de una por­tería está bien retratado; grosería de tipos y cordialidad de afectos, y gris miseria so­bre todo ello. Los padres de las dos mu­chachas se pelean por asuntos pecuniarios, por el honor de Gilda, por la enfermedad de Malia, mezclándolo todo en un sentimiento único y una única preocupación, que es la característica tristemente cómica de la vida de la gente pobre. No podemos menos de pensar en la Historia de una curruca (v.); en el fondo es el mismo tema. También las dos hermanas y un novio, que lo es prime­ro de la una y, después de la otra. El título del «Canario N. 15» revela además el pa­rentesco de las dos narraciones. Pero esta afinidad de tema es útil para señalar el ca­mino recorrido por el artista: en su obra juvenil el tema sentimental campea sobre todo; aquí el idilio doloroso aparece y des­aparece entre los repliegues de una ruda realidad. El método de los Malasangre (v.) donde las penas cantan su llanto apagado, entre un coro de habladurías, es aplicado también aquí con perfecta fidelidad. La pena de Malia está en sordina: el roman­ticismo se ha desvanecido ante el avance del realismo.

L. Russo