El Prado Por La Noche, Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla

Sainete de Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla (1731-1794), incluido en su Teatro (1786- 1791). El sainete es una breve composi­ción teatral en un acto, en versos octosí­labos con canciones intercaladas, de gusto popular, alegre y a veces burlesco y satí­rico.

Es el género propio y característico de Ramón de la Cruz elevado a obra de arte autónoma e independiente ya con los Pasos de Lope de Rueda (v. Teatro de Rueda) y los Entremeses de Cervantes y de Qui­ñones de Benavente. Lo cultivó Ramón de la Cruz en la segunda época de su actividad. Este sainete forma parte del grupo inspi­rado por las costumbres populares y bur­guesas de Madrid. En la escena nocturna, animada y abigarrada del célebre paseo madrileño, se introducen unos treinta per­sonajes, moviéndose y conversando en una trama muy complicada y pintoresca de tipos, trajes, frases, cantos, etc., todo ello concertado con una extraordinaria frescura y ligereza de ademanes y lenguaje, donde el realismo de los elementos populares y bur­gueses se modera en aire musical y se fija serenamente en la escena dibujada como en una pintura de Goya.

Imposible referir la trama: imagínese la escena eterna del paseo de una gran ciudad, donde acuden damas y galanes, vendedores y músicos, majas y mendigos, plebeyos y cupleteras; el amor, el aburrimiento, la vanidad, la burla, la crítica, etc. Todo ello coloreado con el humor, la inteligencia y el espíritu pican­te del pueblo madrileño. El sentido pano­rámico y el ritmo rápido de visión y fija­ción de los detalles no permiten la fijeza de caracteres o el trazado de una trama sino en esquemas tan genéricos como caracterís­ticos. Nos limitamos a recordar a las señoras Pereira y Granadina, que evitan la compa­ñía de los fastidiosos Calderón y Espejos para encontrarse con los pisaverdes Nicolás y Ponce; el pobre Chinita, dócil caballero al servicio de los caprichos de Paula; Ger­trudis la vendedora, salada y picante; la pareja clásica de los burgueses discutidores y recíprocamente infieles; la figura del pin­turero Blas con sus metáforas liricogrotescas: «Vámonos a chupar un cigarro, mien­tras que el hemisferio se va poblando de pájaros nocturnos».

O. Macri