El divorcio, Vittorio Alfieri

[Il divorzio]. Comedia compuesta al mismo tiempo que la Tetralogía Política (v.) y que la Ventanilla (v.) y publicada postuma en 1804, se ocupa, a diferencia de las demás comedias de Alfieri, de la vida de su época, y recuerda, por el asun­to, a más de una comedia de Goldoni y al Día (v.) [Giomo] de Parini. Pero, no menos que la benevolencia goldoniana, Al­fieri ignora la risa de Parini; más que có­mica, su representación es violentamente satírica y se resuelve en una invectiva con­tra las costumbres de los italianos: «Espec­tadores, mirad a vuestro alrededor / Al autor, a los actores, a Italia y a vosotros mismos /. Éste es el aplauso que merecen vuestras costumbres».

El argumento de la comedia lo constituyen las peripecias ma­trimoniales de la joven Lucrezia Cherdalosi, que termina por aburrir con sus co­queterías y sus ínfulas al excelente joven enamorado de ella, Próspero Benintendi, y se casa en cambio con Fabrizio Stomaconi, atraída por sus riquezas y por la libertad que le concede el ridículo contrato matri­monial en que el novio ha consentido. Dig­nos padres de la muchacha son la señora Annetta, verdadera déspota de la casa, maestra en malas artes de su propia hija, a la cual por fin engaña ella misma, quitándole a su admirador y el señor Agus­tino, que no carece de buenas intenciones, a veces reacio a las enormidades de la mu­jer y de la hija, pero amante sobre todo del dinero y dispuesto, por el dinero, a consentir en las indignas bodas de su Lucrezia.

Alrededor de ellos se mueven, in­trigantes e incansables los admiradores, como el conde Ciuffini, verdadero dueño de casa de los Cherdalosi, que tras haber esta­do cortejando a la madre, se convierte luego, con gran enojo de ésta, en admirador de la hija; el caballero Piantaguai, segundo cor­tejador que también se pasará a la «corte de la joven»; don Tramezzino, sacerdote, «factótum» despreciado e indispensable; pe­queño mundo de la Italia del Setecientos, que Alfieri retrata con acento sarcástico. El mismo título tiene valor epigramático, por­que el matrimonio de Lucrezia y Fabrizio no es tal unión de dos seres sino un verdadero divorcio, una negación del matrimonio ver­dadero. Por ello puede preguntarse el autor: «¿…qué tiene de particular que en Italia el divorcio no se adopte / si el ma­trimonio italiano es un divorcio?»

M. Fubini

El Divorcio es una sátira bastante bien urdida sobre el matrimonio en Italia. (Foscolo)