Así Anda el Mundo, William Congreve

[The Way of the World]. Comedia inglesa de William Congreve (1670-1729), representada en 1699, pu­blicada en 1700. Con esta obra la comedia de costumbres introducidas por G. Etheredge (16359-1691) alcanzó una perfección y un refinamiento satírico que ya nadie su­peró. La trama es un pretexto para pre­sentar a los varios personajes, llevados so­bre un plan artístico que recuerda los lienzos de Watteau. Los mismos nombres de los personajes son simbólicos. La linda y graciosa Millamant («mil amantes») ama, a Mirabell («admirable»), y es correspon­dida por él, pero, bajo pena de la renun­ciación a la mitad de sus bienes, no se puede casar sin el consentimiento de lady Wishfort («wish for») tía suya. Para cautivarse el favor de ésta, Mirabell le hace el amor, pero Mrs. Marwood («would mar»), amante de Fainall («fain all»), marido de la hija de Lady Wishfort, molesta por la indiferencia que Mirabell demuestra para con ella, revela el verdadero motivo de su galantería a la vieja vanidosa que, herida en lo más íntimo, rehúsa dar su consenti­miento.

Mirabell, con la ayuda de Mrs. Fai­nall, que fue en un tiempo su amante, hace pasar a un fiel criado, Waitwell, marido de Foible, doncella de Lady Wishfort, por uno de sus tíos, Sir Rowland: bajo este disfraz el falso tío pedirá la mano de Lady Wish­fort. Los jóvenes esperan revelar el engaño cuando la anciana ya esté bastante com­prometida para temer un escándalo, segu­ros de que entonces ya no se opondrá a su matrimonio. Pero también esta vez Mrs. Marwood descubre la intriga y, de acuerdo con Fainall, lo revela a Lady Wishfort para que Fainall y no Mirabell pueda aprovechar la confusión de la anciana e imponer sus condiciones, es decir, el divorcio de su mu­jer bajo pretexto de adulterio con Mirabell, o, si quiere evitar escándalos, el control de su riqueza y de los bienes de Millamant. Lady Wishfort está a punto de ceder al vil chantaje, cuando interviene Mirabell con un acta, que le dio la hija de Lady Wish­fort antes de casarse con Fainall, según el cual Mirabell es el apoderado de todos sus bienes, de los que nadie puede disponer sin su consentimiento, y además con las prue­bas de la relación entre Fainall y Mrs. Mar­wood. Feliz de poder alejar el peligro que la amenazaba, Lady Wishfort consiente en la boda de Mirabell y Millamant. Ya en las primeras representaciones la comedia cayó, acabando así con la ya brillante carrera literaria de Congreve, pero es dudoso que hubiera sido capaz de superar la preciosi­dad de esta pequeña joya, verdadera obra maestra en su género. Es inútil buscar en ella calor de humanidad: los personajes vi­ven en una atmósfera meramente cerebral, más allá del bien y del mal; cuando tienen sentimientos los ocultan bajo una capa de astucia, su cólera se transforma en fuego artificial, sus amores en pasos de danza.

La amoralidad de los personajes dio lugar a muchas discusiones entre los críticos del siglo pasado (Lamb, Leigh Hunt, Macaulay, etc.) y vale la pena recordar la justifi­cación, algo paradójica, de Lamb, quien de­clara que «su fantasía (de Congreve) es inocua, pues transcurre en el reino de la irrealidad».

L. Krasnik