El Proceso, F. Kafka

El empleado de banca Josef K., de treinta años, recibe una declaración de arresto por parte de dos personas. Ha sido instruido un proceso con él como encausado. Seguro primero de sí mismo y luego aplastado de forma paulatina por una máquina procesal de la que no alcanza a comprender los mecanismos, Jo­sef K. termina desatendiendo su trabajo hasta dejarse ab­sorber completamente por las exigencias del proceso.

Tras haber sido abandonado por todos, se resigna por fin a aceptar una condena que él mismo, sin conocer la razón, considera irrevocable. Al amanecer del día de su trigésimo primer cumpleaños, otros dos señores vestidos de negro se presentan ante su casa, lo prenden y lo con­ducen a las afueras de la ciudad, donde es ajusticiado.