Prometeo encadenado, de Esquilo

En las montañas de Escitia, Hefesto, con la ayuda de ¿ratos y Bía, personificaciones del Po­der y de la Fuerza, ha encadenado al titán Prometeo a una roca, siguiendo las órdenes de Zeus, junto a Prome­teo, que ha sido dejado solo, llegan divinidades amigas: en primer lugar, las Oceánidas, hijas de Océano y de Te- tis, luego el propio Océano.

También la mortal lo, hija de ínaco, detiene el eterno errar al que le sometió Hera para interrogar a Prometeo. Éste, negándose a dejar de maldecir contra Zeus, refiere el motivo de su rebelión: osó defender a los hombres del odio de Zeus, y les dio el fuego para que aliviaran con él su mísera vida. Cuando profetiza la futura caída de Zeus, acude Hermes, y en me­dio de un inmenso cataclismo Prometeo es precipitado en un barranco.