La estructura de este monumento de la épica francesa medieval (publicado por vez primera en 1840 y de nuevo por P. Meyer y A. Longnon en 1882, en París) es un tanto caótica, por efecto, al parecer, de ciertas interpolaciones y arreglos.
Reducido a lo esencial, el argumento es el siguiente: Raoul, privado por el rey de su feudo paterno y destinado a otro, debía resarcirse con el condado de Vermandois; pero a ello se oponen, con las armas en la mano, los hijos de Herbert, difunto señor del territorio; se desencadena una lucha feroz con una secuela de violencias, hechos abominables y muertes, después de lo cual las dos familias se entregan sin miramientos a todo género de crímenes, con una furia que nada logra aplacar, salvo el encontrarse unidos frente al rey, cuyo erróneo arbitrio ha producido y luego ha vuelto a encender el conflicto.
Se trata de uno de aquellos cantares de gesta a los que dan tema incluso acciones de fondo nacional y las divergencias de uno u otro vasallo con el propio soberano; con los cantares de este género, éste tiene de común una atmósfera de orgullo desatado y de venganza rabiosa por el derecho feudal ofendido, si bien el calificativo que se le ha dado de «cantar de los cantares del odio» ni caracteriza su colorido, ni acaba por asignarle una peculiaridad capaz de diferenciarlo. En sus personajes, por lo menos en gran parte, se reconocen figuras históricas: así, Raoul es Rodolfo de Gouy; el rey es Luis IV, rey de los francos; el conde Herbert existió en realidad, y así sucesivamente; la trama, al menos en lo esencial, es siempre histórica: una contienda desatada en el año 943, en tiempos de un decadente poder real, como fue el de los últimos carolingios.
Un Bertolai de Laon, señalado como contemporáneo de los acontecimientos, es citado en uno de los capítulos de la «gesta» como primer versificador de la materia, pero la noticia debe admitirse con reservas; en la forma en que ha llegado hasta nosotros el poema debe fecharse hacia 1180; la influencia de diversos cantares anteriores y la inclusión de motivos estereotipados son en ella evidentes; entre tales influencias y tales inclusiones de motivos, la fuerza salvaje de la idea primitiva resplandece evidentemente en el texto, que por tantas razones se muestra interesante a la consideración de los investigadores.
S. Pellegrini

