La Redoma Encantada, Juan Eugenio Hartzenbusch

Comedia de magia estrenada el 26 de octubre de 1839 en el Teatro del Príncipe, de Madrid, y ori­ginal de Juan Eugenio Hartzenbusch (1806- 1880), quien la corrigió en 1862, dejándola en la forma bajo la cual la conocemos ac­tualmente.

Con perfil caricaturesco y ha­ciendo uso y abuso de un complicado apa­rato escénico, Hartzenbusch da vida en ella, una vez más, a la siempre viva le­yenda del marqués de Villena. La obra es, además, comedia de enredo, y en verdad es difícil seguir las desorbitadas situaciones que en ella se plantean y desarrollan. La acción transcurre en Madrid, o mejor di­cho, en los tejados de la villa; en Barahona, en la cueva donde se halla la redoma que guarda el espíritu del gran nigromante, y en Villarino, lugar cercano a la frontera portuguesa.

El joven Garabito ha sido víc­tima de una burla por parte del conde de la Biznaga, que enamorado de Dorotea, una vecina de Pascuala, novia de Garabito, ha apaleado a éste, en mal pago de sus ser­vicios y en beneficio de su administrador Laín Cornejo, enamorado también de Pascuala. Su propósito es casar a ésta con Laír lo que le permitiría a su vez estrechar el cerco en torno a Dorotea. Las primeras es­cenas se resuelven en el tejado de una casa, frente a la buhardilla donde vive Pascua­la, a quien Garabito, ignorante de su ma­trimonio, ha ido a visitar; tras linos diálo­gos entre Pascuala y Garabito, éste y el conde, y Laín y Garabito, el último cae en una artesa donde la bruja Marizápalos, que acaba de morir, tenía preparado un extraño líquido que convierte al pobre vidriero en la figura de la desdichada vieja; y bajo el aspecto de Marizápalos, Garabito sale vo­lando.

La acción se traslada entonces a una cueva cercana a Barahona, donde se celebra el gran consejo de los brujos y brujas, en el que Garabito, bajo su nueva figura, actúa como archimaga; llevado de su ingenio y con la ayuda del secretario, Garabito re­suelve el trance y disuelve el consejo de la brujería quedando a solas con la redoma que contiene el cuerpo y alma de don En­rique de Villena, a quien libera de su pri­sión. Garabito pierde miserablemente los tres beneficios que en pago del suyo le pro­mete el marqués, pero de la pérdida saca provechosas experiencias para su acción fu­tura y logra además aliarse al de Villena para estropear los planes del conde de la Biznaga, quien ha planeado un simulacro de matrimonio que le permita consumar sus deseos acerca de la reacia Dorotea.

Por el poder mágico del marqués, éste y Garabito quedan revestidos de la apariencia del de Biznaga y Laín, respectivamente, desarrollándose a partir de este instante una serie de complicadas escenas que dan al traste con las maquinaciones del verdadero conde de la Biznaga, burlan a Laín y Pascuala y obtienen por resultado el amor de Enri­que de Villena y Dorotea, acabando la obra con el triunfo, más allá de este mundo, en el alcázar de la Ciencia que da entrada al templo de la Virtud, de los simpáticos protagonistas de la obra. La comedia es a ratos amable y divertida y no carece de ingenio; resulta, sin embargo, un tanto des­orbitada en su realización escénica y acaso excesivamente complicada en el cúmulo de situaciones extraordinarias que en ella se suceden.

A. Pacheco