La Raza Venidera, Edward George Bulwer Lytton

[The Corning Race]. Novela del inglés Edward George Bulwer Lytton (1803-1873), publicada en el «Blackwood’s Magazine» y luego en volu­men en 1873.

Con esta obra, que es una de las últimas que escribió, el autor vuelve a la novela cultivada por Walpole y Radcliffe a fines del XVIII, que se apoyaba en situaciones extrañas, terribles, con gran in­tervención de fuerzas sobrenaturales. Ima­gina que llega, a través de extrañas pere­grinaciones, a un país subterráneo, habitado por una raza de seres extraños que, en épo­cas remotísimas, se habían salvado del Di­luvio y las inundaciones refugiándose en las entrañas de la tierra. La fantasía del autor se refugia así en las lejanas tinieblas de la prehistoria; tinieblas que, desde el punto de vista moral, son también luz, pues aque­llos seres no están contaminados por la ignorancia y maldad humanas.

Un ser so­brenatural, Uril, que es el símbolo de todas las fuerzas y energías naturales, los ha lle­vado no sólo a las más altas cumbres de la investigación científica, sino también a una perfección y civilización que superan lo humano. Desconocen los delitos, la guerra, la avidez de ganancia, la pobreza. Entre ellos hay cierta igualdad en el bienestar, pero queda firme el principio de que sólo unos pocos, dotados de inteligencia supe­rior, son dignos de dominar. Así tienen ra­zón en despreciar a la raza humana, que vive a la luz del sol. Entre aquellos seres, el sexo femenino es el más fuerte y más perfecto.

Como las mujeres pueden escoger sus maridos, el autor se encuentra en difícil situación, de la que se salva difícilmente con ayuda de una mujer sinceramente ab­negada, que lo hace volver al mundo de los hombres. En este relato se funden y oponen diversos motivos. La Utopía (v.) de Thomas Moro y los Viajes de Gulliver (v.) inspiraron sin duda a Bulwer la idea de este país imaginario, donde hay una vida más elevada y perfecta que la humana. Pero, por otra parte, sin duda bajo la in­fluencia de escritores alemanes, entre ellos Hoffmann, anticipó el género entre milagro­so y científico que había de encontrar más tarde un gran desarrollo en Wells.

G. Fornelli