Dionisíacas, Nonno de Panópolis

Poema épico en 48 libros, en hexámetros, que cierra con esta inmensa obra, la gran tradición de la épica clásica y pagana. Emulando los 48 libros de Homero (v. Ilíada y Odisea), se narran las aventuras de Dioniso (de aquí el título), desde su nacimiento a su apoteosis, con una trama complicadísima de acciones secundarias. Dioniso, hijo de Jú­piter y de la mortal Gemele, ha de conquistarse el derecho a sentarse entre los dioses del Olimpo; la guerra contra los hin­dúes constituirá esta prueba que al mismo tiempo es la lucha por la civilización del Oriente bárbaro. Con ayuda de los griegos, de los frigios y de los lidios, por él con­quistados y convertidos, y con el cortejo de los Sátiros, de los Egipanes, y de las Ménades, triunfa sobre el enemigo, a cuyo triun­fo le ayuda la conversión de Morreo, jefe de los hindúes.

Las narraciones están entre­mezcladas, retardadas por frecuentes digre­siones en parte o por completo extrañas a la acción, y que se refieren a personajes de segundo orden: pero ellas, a su vez, cons­tituyen poemitas no carentes de mérito y de interés (por ejemplo, los de Morreo y Cal- comeda, Tifeo y Armonía, Ampelo, etc.). El poeta tiene una brillante fantasía, sirviéndose además de buenas fuentes hele­nísticas, que sabe utilizar hábilmente con la policromía de matices sugerida por la corriente literaria personal y de su tiempo (segunda época sofística); los personajes, según el esquema de la retórica y poética tradicional, manifiestan a menudo sus esta­dos de ánimo («etopeyas»), y estos rasgos constituyen uno de los aspectos de primer orden en el poema, combinándose perfecta­mente con el tono general del estilo y con la habilidad retórica del escritor.

Pero, a menudo, los adornos estilísticos revelan va­cuidad psicológica, bastante común en aquel tiempo, o por lo menos, adquiere demasiada importancia el tradicionalismo amanerado: ocupa partes salientes la descripción pictó­rica, a menudo preciosista, de lugares, fuentes, bosques, obras artísticas naturaleza y cielo; abundante y no siempre oportuna es la erudición, audaz la adjetivación épica y particularmente cuida­do el hexámetro que por buscar la sonoridad y cadencia está coartado por leyes restric­tivas, que empobrecen su característica va­riedad.

I. Cazaniga