Agamenón, Lucio Anneo Séneca

Diversas tragedias han sido inspiradas, con este título, por el legendario rey de Argos y Micenas, todas ellas deri­vadas de la tragedia, de ese nombre, de Esquilo, comprendida en la trilogía Orestíada (v.). El Agamenón [Agamemnon] de Lu­cio Anneo Séneca (1-65 d. de C.) figura en­tre las más antiguas que se conocen después de la de Esquilo. El prólogo lo dice la sombra de Tiestes, que, recuerda todos los delitos de los Atridas y vaticina como inmi­nente el asesinato de Agamenón (v.) por mano de Egisto (v.). Después de un coro acerca de la inconstancia de la fortuna, Clitennestra (v.) hablando con su nodriza se declara irritada contra su marido; está enamorada de Egisto y lucha entre el re­mordimiento y el crimen. Pero Egisto inter­viene y la decide a obrar de acuerdo con él. Euribato anuncia la próxima llegada de Agamenón y narra a Clitennestra y al coro de los argivos la desastrosa tempestad afron­tada por la flota griega camino del regreso.

Entra Casandra (v.) que presa del furor profético, describe en una visión el asesi­nato que va a cometerse. Agamenón apare­ce en el momento en que Casandra desma­yada se cae por el suelo; trata éste de animarla y consolarla, mientras ella le predice en voz baja su inminente desdicha. Agame­nón entra en el palacio, donde Clitennestra y Egisto le esperan para asesinarle, mientras Casandra, nuevamente inspirada, describe la escena. Electra (v.), hija de Agamenón, se precipita fuera del palacio, intentando salvar al pequeño Orestes (v.). Y al presentarse en aquel preciso momento el rey de Prócida, Estrofio (amigo de Agamenón), le confía el niño, que él se lleva junto con su hijo Pilades, en su rápido carro. Electra se queda de este modo afrontando el furor de su madre, y de Egisto, que la castiga por haber salvado al hijo de Agamenón. Ca­sandra es condenada a muerte, pero tiene tiempo para predecir a Clitennestra que será muerta por su hijo. Esta tragedia, so­bria y movida, cuyos personajes y situacio­nes ofrecen poderoso interés, si no tiene todo el hechizo que respira la trilogía de Esquilo, ofrece en cambio una introspección de los caracteres profunda y consciente, con pasajes de elevado lirismo.

F. Della Corte

*     En España el maestro Fernán Pérez de Oliva (m. 1531), escribió la Venganza de Agamenón (Burgos, 1528), arreglo no muy logrado de la Electra de Sófocles. So­bre el texto de Oliva escribió Vicente Gar­cía de la Huerta (1734-1787), su tragedia Agamenón Vengado.

*     En Inglaterra, en 1738, James Thomson (1700-1748) escribió un drama sobre el mis­mo argumento y también titulado Aga­menón                                                                        *

*     Vittorio Alfieri (1749-1803), trató de nuevo el drama de Esquilo. Su Agamennone ideado en 1776 y publicado en 1783, pre­senta la figura de Clitennestra como mu­jer débil pero no corrompida, que se ha dejado seducir, durante la ausencia de su marido, por su amor hacia Egisto; y ya no puede liberar su voluntad de la de su amante, de manera que se ve impulsada poco a poco a la idea del delito, realizándolo con sus propias manos. La tragedia, más analítica que las restantes de Alfieri, a excepción de Mirra (v), sigue paso a paso las etapas de la fatal sumisión de la reina; desde el primer anuncio del regreso de Agamenón, que la llena de sobresalto, has­ta el momento en que Egisto fingiendo despedirse para siempre de ella, le hace sentir que el delito es ineludible, y le ofrece el puñal con que matará a su marido. Es ad­mirable, en esta escena culminante, el gri­to de la protagonista, que es la expre­sión viva de su carácter: («¿Quién te me pone delante? — ¿Qué furia impía del Averno a tus pasos — Sirve de escolta, oh Egisto? Yo de dolor moriría — Si no hubiera de volverte a ver, pero al menos — Inocente moriría; pero mal de mi grado — Ya de nuevo impelida al delito horrendo — Soy por tu presencia.» [«Qual mi ti mena innanzi,Qual furia empia d’Averno ai passi tuoi — É scorta, o Egisto? lo di dolor moriva,Se pin veder te non dovea, ma almenoInnocente moriva: or mal mió gradoDi nuovo giá spinta al delitto orrendoSon dal tuo aspetto.»] Frente a ella está el mundo de su familia del cual se ha apartado, y que en vano la atrae: Agamenón, severa figura de rey patriarcal, que con palabras afectuosas saluda a la patria que vuelve a ver, a sus seres que­ridos, y evoca delante de la reina turbada las tristes horas transcurridas; Ifigenia, in­molada; el pequeño Orestes y Electra, la hija clarividente que en vano querría sal­var a su madre, y presiente el delito que se prepara sin poder hacer nada para evitarlo.

M. Fubini

*     Se recuerdan el Agamemnon de Louis- Jean Népomucéne Lemercier (1771-1840), representado en 1797, que, aun conservan­do vigorosa dramaticidad propia, revela la influencia de Alfieri; y el Agamennone de Giovan Battista Niccolini (1782-1861), tra­gedia en un acto dividido en quince es­cenas. Fielmente trazadas sobre el modelo de Esquilo. Escrita en el primer período de la producción de este autor, de pura ins­piración clásica, constituye, por la variedad del verso, por su escenificación y el perfil de los personajes, una notable reevocación de la antigua tragedia griega, cuyo espíritu, en una época en que tales evocaciones ten­dían a falsear cada vez más los motivos ori­ginales, es expresada con segura nitidez.

U. Dèttore