Viejo Piamonte, Edoardo Calandra

 [Vecchio Piemonte]. Colección de cuentos de Edoardo Calandra (1852-1911), publicada en, 1895. El escenario favorito del escritor piamontés es su tierra, en el breve período de la ocupación fran­cesa; sobre este trasfondo viven, leales y generosos, o locos, despóticos y criminales, los personajes principales y secundarios de sus cuentos.

En «La banda Becurio» se en­trelaza con el episodio central, de asunto amoroso, un vivaz cuadro de bandas de la­drones que actúan por los campos a finales del siglo XVIII: es el mejor, el más orgá­nico de los cuentos que componen el libro. «El tesoro» es la historia de un maniático coleccionista de monedas, que oculta su colección antes de morir y, afectado de parálisis, no consigue ya confiar a su hijo el lugar secreto; el hijo termina después trágicamente al desvanecérsele un sueño de amor. «Presentimiento» no sale de los lími­tes de un boceto, así como «Telepatía», que contiene un bello episodio de guerra. «El 23 floreal, año VII» es la historia de un fran­cés capturado por los monárquicos, que quieren matarle, y que es salvado por una mujer porque se llama Paolo, como el hijo que el francés le ha matado por lamenta­ble equivocación. El estilo es límpido, pero no alcanza nunca verdadera originalidad; los caracteres, cuando no se trata de sig­nos exteriores sino del auténtico estudio de las almas, son más bien sumarios. Hay, sin embargo, una atmósfera romántica de bella y contenida nostalgia por el pasado: éste es el verdadero distintivo de Calandra.

G. Falco

El mérito mayor de la obra de Calandra no es la fidelidad histórica, grande por otra parte… es la fidelidad al carácter étnico. Nadie mejor que él supo hacer revivir el viejo mundo piamontés en su espíritu y sus costumbres; el conocimiento que tenía de éste era tan amplio y exacto, que el «saveur du terroir» emana de cada línea con el su­gestivo perfume de las cosas resucitadas. Su sutil sabiduría de anticuario le permitió vestir con impecable fidelidad a sus criatu­ras y dio a sus escenas aquel carácter pic­tórico escrupulosamente genuino. (Thovez)