Últimos Poemas, Max Jacob

[Derniers Poèmes]. Original colección de poemas de Max Jacob (1876-1944), publicada en 1945. Com­prende un centenar de poemas, de los que sólo una tercera parte están escritos en ver­so. Lo más sorprendente de esta colección es la extraordinaria frescura de que hace gala desde el principio hasta el fin. Max Jacob, en efecto, no da ninguna señal de fatiga. Es increíble cómo permanece igual a sí mis­mo. Está inspirado, y esta inspiración guar­da las proporciones que ya nos son cono­cidas. Veamos en primer lugar el malabarismo: «Un hospodar de Valaquia/contribuyente de Valparaíso/ha sufrido de una an­gina/que le condujo a la tumba» [«Un hos poder de Valachie/contribuable à Valparaiso/a souffert d’une esquinancie/qui le con­duisit au tombeau»].

Más adelante se en­cuentra: «En la última hora del invierno/ he descubierto el viento, el verde/en este primer día de primavera/el viento» [«En dernière heure de l’hiver/j’ai découvert le vent, le vert/en ce premier jour de prin­temps/le vent»]. Pero a menudo la voz se hace tierna, para evocar algún entierro en Quimper, su villa natal: «Ni flores, dices, ni coronas/Abril no es de la misma opinión/ Es el Señor quien te las da/¡Mira! ¡Es ya el Paraíso!» [«Ni fleurs, disais-tu, ni couron­nes/ Avril n’est pas de cet avis/C’est le Seigneur qui te les donne/Vois! C’est déjà le Paradis!»]. He aquí ahora el dolor en su conmovedora desnudez: «¡Dios mío! cuán cansado estoy de no tener esperanza/de rodar el pesado tonel de mi decadencia» [«Mon Dieu! que je suis las d’être sans espérance/de rouler le tonneau lourd de ma déchéance»].

Finalmente el terror, las vi­siones apocalípticas: «La torre se llama Peste, un gran incendio la corona/arrojando un aire pútrido a los hombres./Más alta que la Torre de en medio/que se eleva de la tierra a los cielos/El perro gigante, el perro gigante/Es él quien guarda la nada» [«La tour s’appelle Contagion, un grand in­cendie la couronne/jetant le mauvais air aux hommes./Plus grand que la Tour du milieu/qui monte de la terre aux cieux/Le chien géant, le chien géant/C’est lui qui garde le néant»]. Los poemas en prosa son sencillos y adecuadamente sabios: «Tres pe­dazos de tarta en un ángulo de cómoda y sobre un asiento. En eso se ve que esta tienda fue una pastelería» [«Trois morceaux de tarte sur un coin de conmode et sur une assiette. A cela, on voit que cette boutique fut une pâtisserie»].

Más adelante vuelve sobre estas palabras: «Se ha encontrado el cadáver de uno de los lacayos del palacio de Spagati, los lacayos de la escalera, del rellano de la escalera del primer piso» [«On a retrouvé le cadavre d’un des laquais du palais Spagati, les laquais de l’escalier, du palier de l’escalier du premier étage»]. He aquí una nota curiosa: «Es cierto que la cola de un vestido es un signo de riqueza: un cardenal en su entrada en el mundo es más rico que un juez de instrucción» [«Il est certain que la traîne est un signe de richesse: un cardinal à son entrée dans le monde est plus riche qu’un juge d’instruc­tion»]. Por otra parte, la melancolía no pierde sus derechos: «¿Quién se acuerda de Passy frente a la Torre Eiffel?» [«Qui se souvient du Passy d’avant la Tour Eiffel?»].

El poeta ha sabido defender sus dominios hasta la muerte: cultivando todas las for­mas de lo burlesco a la par que la efu­sión mística, y esas memorables visiones que proporciona el trato frecuente del Apo­calipsis. Sin olvidar el poema de sorpresa, según el tipo establecido por Apollinaire, y del que el poeta se erigió en maestro. ¿Un gran poeta? Sin duda no. Pero un poeta en toda la acepción del término. Un poeta, cuyo arte púdico, sabio, sutil y delicado permanecerá siempre inimitable.