Tablas Poéticas, Francisco Cascales

Obra de preceptiva literaria del autor español Francisco Cascales (1564-1642), publicada en 1617 bajo el título Tablas Poéticas del Licd. Fran­cisco Cascales, cuya influencia ha sido tan grande que llegó hasta el siglo XIX. Su autor pertenece al grupo de tratadistas de preceptiva y retórica que integraron López Pinciano, Carvallo, González de Salas, etc.

Tablas Poéticas, más amena que Cartas Fi­lológicas, está escrita en forma de diálogo y de ellas nos ha hecho un magnífico aná­lisis Menéndez Pelayo en Historia de las Ideas Estéticas en España (v.). La obra está concebida y dirigida contra aquellos que negaban autoridad a las doctrinas de Aris­tóteles y Horacio, con referencia a las len­guas vulgares, a los cuales él contesta: «La verdad una es, y lo que una vez es ver­dadero, conviene que lo sea siempre, y la diferencia de tiempos no lo muda». Pero más que a Aristóteles, a quien realmente sigue Cascales es a Horacio, cuya Epístola a los Pisones cita frecuentemente. También frente al problema esencial en la retórica de aquel tiempo sobre arte y naturaleza, cree que el arte no es otra cosa sino imita­ción de la naturaleza, doctrina que el autor irá exponiendo sucesivamente. A lo largo de las tres primeras «Tablas», Cascales nos irá definiendo los diferentes conceptos de la retórica.

Así, según él, poesía es «arte de imitar con palabras», entendiendo la palabra «imitar» en el sentido de «represen­tar». «Materia poética», por tanto, será todo aquello que es «imitable». Esta concepción de la «poesía» y de la «materia poética» excluye toda representación de lo sobrena­tural, e igualmente de situaciones difíciles y aparatosas — no en vano Cascales criticó duramente el teatro de Lope—. También el elemento didáctico debe ser excluido como «materia poética». El autor pasa a definir lo que es «forma poética»: «la imitación que se hace con palabras». Es curiosa e interesante su distinción entre «versos» y «poesía» hasta el punto que nos parece oír a un ensayista moderno: «Porque el poeta tiene su etymología de la imitación, en la cual consiste toda la excellencia de la poesía, y no del verso, el cual es una cosa menos principal y pertenece al ornato. Yo no ex­cluyo los versos de la poesía, pero tampoco los tengo por tan sustanciales, que sin ellos no se pueda hacer el poema». El valor y el mérito tienen que residir en la buena ex­presión.

Por lo que al asunto de la poesía se refiere, Cascales prefiere el tema histó­rico, por cuanto la historia puede propor­cionar la primera materia que luego el arte, mediante la técnica de idealización, conver­tirá en la obra perfecta. Las dos Tablas res­tantes tienen menor importancia, si bien recogemos dos aspectos de ellas:

1) Su acti­tud antimitológica y en contra del teatro español de su tiempo.

2) Las definiciones que nos da de los géneros literarios—a pe­sar de evidentes desenfoques—. Así dice de la tragedia: «imitación de una acción ilus­tre, entera y de justa grandeza, en suave lenguaje dramático, para limpiar las pasio­nes del ánimo, por medio de la misericordia y miedo».

Comedia: «imitación dramática de una entera y justa acción, humilde y suave, que por medio del pasatiempo y risa, limpia el alma de los vicios». Frente a los elevados personajes de la tragedia, los de la comedia deben ser gente popular, oficiales, truhanes, rameras, etc. Por otra parte, la actitud de Cascales frente a la poesía es la de un defensor de la claridad. El valor de su obra se puede resumir con las palabras de un crítico actual: «un resumen tardío de las doctrinas literarias y estéticas elaboradas por los preceptistas del siglo XVI».