[Servitude et grandeur militaires]. Tres novelas cortas de Alfred de Vigny (1797-1863), publicadas en 1835, cada una precedida de amplias reflexiones: el autor ha expresado en ellas sus experiencias de soldado y sus meditaciones en torno al oficio de las armas en la época moderna. El primero, «Laurette, o el sello rojo», cuenta de un oficial de marina que, bajo el Directorio, conduce a la Guayana a un joven condenado, junto con su esposa.
El comandante, viejo y sin afectos, siente cariño por aquella joven pareja, feliz en medio de su desventura. Al llegar el buque a la línea ecuatorial el comandante abre una carta sellada del Directorio: es la orden de fusilar al i oven. Aun no sintiendo estima por los hombres de aquel gobierno, obedece como soldado. La esposa se vuelve loca y el anciano la protege teniéndola a su lado; más tarde pasa él al ejército y la lleva consigo en un carrito durante las campañas napoleónicas; así expía como hombre su deber cumplido como soldado. Cuando él muere, ella muere también en seguida. En «La vela de Vincennes» el autor, de servicio en la fortaleza, conoce al antiguo guardián del polvorín, que tiene a su lado a su hija y al novio de ella: un cuadro de felicidad entre sus alegres recuerdos del siglo XVIII. Pero el anciano, preocupado por una inspección que debe hacerse al día siguiente, vuelve a echar una ojeada final al polvorín; la bujía provoca una explosión que le mata.
Más amplia es «La vida y la muerte del capitán Renaud, o el bastón de junco». Llevado al ejército por su juvenil entusiasmo por Napoleón, Renaud, cuando su ídolo pierde para él su gran prestigio, permanece a pesar de ello en el ejército, por su patria y por su honor. Humano y heroico en su graduación modesta, los soldados lo adoran. En vísperas de la revolución de 1830, cuando ya había enviado su dimisión, reanuda el servicio, pensando que sus hombres debían librar la más dolorosa de sus batallas. Su recuerdo más torturante era el de haber matado a un jovencito ruso en una lucha en medio de la oscuridad; ahora morirá del golpe de un muchacho inconscíente, armado por los revoltosos. Son memorables las páginas que narran, con rara penetración histórica y psicológica, la entrevista de Napoleón y Pío VII en Fontainebleau, a la que Renaud asiste sin ser visto. Esta narración explica el significado de toda la obra, que puede parecer a un tiempo una condena y una exaltación de la vida militar.
Es la defensa del ejército en que sobreviven las antiguas virtudes, el amor al peligro, la abnegación, el sentido del honor; es la crítica de su organización moderna, por la que, terminada la guerra, se convierte en una gendarmería odiada o despreciada. El autor desearía la elevación del ejército, con su vida más ligada a la de la nación. Esto nos parece vago y discutible, como es también ingenua la creencia en la gradual desaparición de las guerras por el progreso de la civilización; pero el amor del conde de Vigny por la única institución que conserva las virtudes de la antigua nobleza, comunica al libro un noble y apasionado fervor. [Trad. de A. M., Barcelona, 19391.
V. Lugli
Tres narraciones sucesivas, que conducen, por un sabio laberinto concéntrico y deliciosas curvas, a un elevado fin filosófico y social. (Sainte-Beuve)
Podríamos decir que en Vigny el pensador crea en todo momento al escritor. (Lanson)

