Sertorio, Pierre Corneille

[Sertorius]. Tragedia en cinco actos de Pierre Corneille (1606-1684), re­presentada en París el 25 de febrero de 1662. En España, Sertorio se halla al frente de los partidarios de Sila. Está enamorado de Viriata,. reina de Lusitania, con la que se casaría; pero su interés político quedaría satisfecho tomando como mujer a Aristia, esposa repudiada por Pompeyo, refugiada en su campamento. Por ello está dispuesto a ceder a Viriata a su lugarteniente Perpenna, sabiendo que éste también la quie­re. Durante una tregua, llega Pompeyo a conferenciar con Sertorio y le aconseja que abandone los ejércitos rebeldes y que se una a él, por la libertad y en contra de Sila.

No llegan a un acuerdo, pese a que les une una gran estima. Sertorio permite que Pompeyo hable a su esposa Aristia, de la que sigue enamorado, ya que solamente por imposición de Sila ha contraído nuevo matrimonio con Emilia, y suplica a Aristia que rechace las nuevas bodas- Por su par­te, Viriata no se decide a casarse con Perpenna, no obstante las insistencias del ge­neroso Sertorio. Llega entonces la noticia de que Sila abandonó el poder y que Emi­lia ha muerto, por lo que Aristia puede volver junto a su esposo. Perpenna, celoso del poder de Sertorio, lo asesina: Pompeyo le castiga y concede la paz y libertad a la reina Viriata. Es una tragedia eminente­mente política, y que alcanza suma vitali­dad ante todo en el coloquio entre los dos propugnadores de la libertad republicana con las razones que abogan por un régimen absoluto. Sertorio es romano también por la nobleza con que subordina su amor a los intereses de su partido, que para él es la patria: «Rome n’est plus dans Rome, elle est toute oü je suis». Vigorosa y altamente oratoria, es una feliz obra del segundo pe­ríodo del arte de Corneille.

V. Lugli

Los personajes de Corneille son grandio­sos, generosos, esforzados y vueltos ínte­gramente hacia el mundo de la sociedad; grandes de pensamiento y nobles de co­razón. (Sainte-Beuve)

Su genio y su léxico son eminentemente intelectualistas: no observa ni recoge más que los motivos psicológicos. (Lanson)