Los Sertones, Euclydes da Cunha

[Os Sertóes]. Obra del escritor brasileño Euclydes da Cunha (1866- 1909), publicada en 1902. El libro quería ser en un principio la crónica de uno de los más singulares acontecimientos de la moderna historia brasileña: la guerra de Canudos, que él autor siguió como corres­ponsal militar del diario «Estado de Sao Paulo».

Pero, aunque al terminar la cam­paña, dejó de tener actualidad el asunto, éste se mantuvo como variante del tema general que fue desarrollado y profundiza­do con un verdadero y original estudio de la antropología histórica y social de las subrazas que pueblan los «sertaos», las vas­tas regiones interiores del Brasil, adonde no ha llegado todavía «la cultura de la casa y de la carretera». En dos capítulos preli­minares, «A térra», «O homem», describe el autor el mapa físico del país, caracteri­zado por las complejas variaciones ambien­tales, donde los más opuestos fenómenos geológicos y climáticos, las grandes lluvias y la extrema sequedad, el desierto y la ve­getación tropical imprimen su trágica huella en la tierra. En este país de .paradoja vive el hombre: pero también éste se halla ca­racterizado por una complejidad de varia­ciones en las que juegan los caracteres fun­damentales de tres razas: blancos, negros y mulatos; de toda sangre y condición se cruzan y se funden, dando lugar a un caos étnico que forma el substrato físico y psico­lógico del «sertanejo», seminómada, ajeno a todo orden y civilización, movido por los oscuros instintos de la sangre hacia el misticismo y la neurosis colectiva.

En el seno de este pueblo surge un raro docu­mento de atavismo, un hombre extraño que sintetiza de modo impresionante y suges­tivo todos los caracteres de la raza: Antonio Mendes Maciel, llamado «el Conselheiro», el cual, en pleno siglo XX, revive el profetismo milenario de los primeros siglos cris­tianos. Anacoreta pálido y enjuto, aureola­do por una leyenda en que aparecen mez­cladas la violencia y la santidad, él cruza los poblados del interior desarrollando un proselitismo que, muy pronto, entra en co­lisión con las autoridades católicas, las cua­les ven en el extraño apóstol un temible competidor, y le acusan de renovar la he­rejía montañista. El «Conselheiro» se retira con sus leales a la antigua granja de Ca­nudos donde funda una comunidad regida por extraños principios morales que, junto a un pietismo exagerado y a una absoluta castidad, admiten el amor libre y el robo. Fracasadas las misiones eclesiásticas que habían intentado el retorno de la oveja al redil, las autoridades centrales envían (1896) contra los sediciosos las primeras fuerzas militares, que son destrozadas por las guerrillas y las enfermedades. Una nue­va expedición sigue la misma suerte. Al año siguiente (1897) la República ordena una operación militar bajo el mando del general Moreira Cesar, el cual es derro­tado de nuevo, muriendo en la lucha jun­to con otros oficiales. La campaña de Ca­nudos adquiere entonces un significado na­cional y el Estado organiza una segunda expedición con ingentes fuerzas, al mando del general Arthur Oscar.

A pesar de la desesperada defensa que realizan los re­beldes, las tropas regulares se abren el camino de Canudos y el poblado es caño­neado violentamente. Muerto Antonio Conselheiro, los supervivientes que escapan al cuchillo y a la horca de los vencedores aceptan la rendición en lo que respecta a las mujeres, viejos y niños, pero ellos con­tinúan la lucha hasta el último hombre, con un valor y una fe ante los cuales el autor no oculta su admiración. La campaña de Canudos tuvo para Cunha el significado de un primer asalto de la civilización al «sertáo». Pero fue también un crimen por la barbarie con que se desarrolló la lucha, y el libro es una protesta y una denuncia de las violaciones de toda ley humana, lle­vadas a cabo precisamente por aquellos que debían ser los portadores de la civilización. El escritor reconstruye las fases de la cam­paña, discutiendo con profunda doctrina los problemas militares, científicos y socioló­gicos y evocando sobre todo con gran fuer­za narrativa y relieve estilístico las figuras y episodios de la lucha. En tales evocacio­nes acierta a reunir el rigor del científico con la sensibilidad del artista, confiriendo a la obra — que es uno de los más desta­cados reflejos del positivismo en el Brasil — el carácter de una pieza maestra en su género.

C. Capasso