[Vadrózsák]. Colección de poesías populares húngaras (sicula) del obispo unitario de Transilvania, János (Juan) Kriza (1811-1875), publicada en 1863.
Este tesoro poético y folklórico tuvo una influencia decisiva en el tardío fervor que despertó por la poesía popular tanto en Hungría como en los países limítrofes. Antes de Kriza se habían publicado recopilaciones de poesías populares (las de János Erdelvi, Gyórgy, Gaal, Laszló Merényi, Laszló Arany), pero el nivel artístico de las baladas húngaras justifica, incluso para los que en la poesía popular sólo buscan obras maestras, la selección de Kriza, que mereció el sobrenombre de «Percy húngaro». Los ejemplares más antiguos de dichas baladas datan del siglo XVI, pero desde 1800 influyeron directamente en la poesía artística y en la literatura en general, que asimilaron y recogieron sus motivos, reconociendo su incomparable sencillez y lozanía. En la colección de Kriza se reprodujeron por vez primera las baladas del Albañil Clemente (v.) y la de Catalina Kádár [Kádár Kata], una de las obras maestras de la recopilación: la rica Gyulai se opone al matrimonio’ de su hijo con Kata Kádár, descendiente de vasallos. Pero como ambos se aman, la soberbia mujer echa a su hijo y hace arrojar a Catalina a unas aguas sin fondo. Mientras el joven camina advierte que el pañuelo de la amada, que lleva consigo, se tiñe de rojo.
Vuelve entonces sobre sus pasos y se echa también él en el agua: los pescadores encontrarán abrazados los dos cuerpos. Otra de las más conocidas por su dramatismo, el color y los motivos francamente populares, es también la balada de Elena Budai [Budai liona], mujer rica que, al oír que se aproxima el enemigo, coge bajo el brazo el arca del tesoro y, llevando de la mano a sus hijitos, huye con ellos por el bosque. Pero al creer escuchar el trote de los caballos, abandona a su hijo y a su hija y emprende una loca carrera para poner a salvo el dinero. En la espesura encuentra a un búfalo que lleva amorosamente entre los cuernos a su ternerillo; entonces reconoce su culpa, llora y vuelve atrás, pero los niños no la quieren seguir. Es célebre, por su patético asunto, Julia, hermosa muchacha [Jilia, ezep Leúny], una jovencita que, mientras coge azucenas, encuentra un cordero blanco que le anuncia que será llevada entre las vírgenes del coro celestial.
Julia narra la visión a su madre y quiere saber, todavía viva, cómo la llorará cuando muera. Entre las composiciones humorísticas advertimos una variante del motivo de la Fierecilla domada (v.) de Shakespeare (El remolino o ¡Eh, pavo real!…); El mozo del molinero, Diálogo de taberna, etc. Entre los cantos líricos y de baile se encuentran varias joyas, como la Danza del almohadón, El Canto de baile de Siklod y las cantinelas rimadas para juegos infantiles, como Ladislao Polaco, que renuevan reminiscencias históricas bastante antiguas. Rosas silvestres es el producto de una raza ingeniosa, realista e imaginativa al mismo tiempo, y consigue matices y estados de ánimo variadísimos, pasando de la ligera canción de amor a la balada psicopatológica, tan llena de significados.
G. Hankiss

