Roma, Nápoles y Florencia, Stendhal

[Rome, Naples et Florence]. Obra del gran nove­lista francés Stendhal (Henri Beyle, 1783- 1842), publicada, como también lo indicaba originariamente su título, en 1817.

En ella el autor, «oficial de caballería» que «ha cesado de ser francés desde 1814», usa el pseudónimo que había de ser célebre. Se narra el ficticio itinerario de un viaje he­cho en 1816-17 de Milán a Bolonia, Flo­rencia, Roma, Nápoles y nuevamente de Roma, Florencia y Bolonia a Ancona, Padua, Venecia y Milán. En realidad, Beyle sólo vio Padua y Venecia en 1813 y 1815. En 1827 reimprimió la obra en una nueva redacción enteramente reformada y aumen­tada casi el doble; el propio hecho de que el itinerario esté simplificado y al mismo tiempo aumentado por alguna desviación (por ejemplo, hacia Calabria), le sugirió al autor redactar con mayor agudeza anéc­dotas y reflexiones sobre las costumbres. La Italia de su tiempo permite al joven es­critor considerar el modo de, como él decía, ir a la caza de la felicidad; el esplendor de las artes, el desenfado y la sinceridad de los sentimientos, desde el amor al odio, las costumbres de una sociedad galante y dotada de «energía», le confieren un sentido intenso del presente y alimentan en él el interés por una civilización secular.

Roma, Nápoles y Florencia son tres ciudades del espíritu, por la libertad de la conversación, la actividad de los pintores y de los mú­sicos y la divina armonía de las mujeres. En aquel mundo el autor, sutilmente hedonista, pasa con el corazón exultante y lleno de arrobo por los lugares, de los lagos lom­bardos a orillas del Arno y al Vesubio, ma­nifestando un no secreto desprecio por las «almas secas», que no comprenden la belleza de la creación artística y la alegre vida de una sociedad que se siente juez de sí mis­ma y desea la vida de sus mayoresr Y en esto consiste lo que el autor llama su mo­dernidad, afirmada con plena originalidad literaria. Gran parte del libro es una ala­banza de Milán.

C. Cordié

La sustancia de sus libros críticos, de sus descripciones de lugares y de sus historias de la pintura y de la literatura, es la mis­ma de sus novelas, y la Italia que él re­trata como novelista y como historiador es siempre la Italia de su ensueño o, mejor dicho, es su sueño vestido de Italia. (B. Croce)

La Italia de Stendhal es la más viva y, sobre todo, la más vivida de todas las Italias románticas. (Thibaudet)