[Le rouge et le noir]. Novela de Stendhal (Henri Beyle, 1783- 1842), publicada en 1830. Su subtítulo, «Crónica del siglo XIX» o también originariamente «Crónica del 1830», debe entenderse en sentido ideal como referente a la vida moral y social de la Restauración.
Desde su mismo título, diversamente interpretado según testimonio del mismo autor (como juego de la ruleta, o bien como contraste entre el rojo de las batallas napoleónicas y el negro de la edad mojigata que le ha sucedido), la obra ha interesado siempre a sus lectores por la agudeza de sentimientos y el hechizo de sus personajes. Más que la Cartuja de Parma (v.), que palpita en una atmósfera de sueños y de sensaciones sutiles, esta novela nace de la natural introspección de Stendhal, sobre todo de su invención de una vida muy distinta de la de las intrigas y los empeños cotidianos. En una trama de apariencia novelesca (que se apoya en un caso real que ocurrió en el Delfinado, muy conocido por el proceso clamoroso de un homicida), se presenta el carácter excepcional de un hombre, Julián Sorel (v.), que lucha contra la sociedad, la cual no sabe comprender sus anhelos y se muestra indigna de tener en su seno almas generosas. Hijo de un pobre artesano, ambicioso y convencido de que sólo con la instrucción podrá elevarse, comienza como preceptor de los hijos del señor de Renal, alcalde de Verriéres, en el Franco Condado, y llega a ser amante de su esposa (v. señora de Renal), una de las criaturas más delicadas qué Stendhal haya podido crear, junto a Sanseverina (v.) y a Clelia Conti (v.) de la Cartuja de Parma.
Entra después en el seminario de Besancon y, por los buenos oficios del director, queda al servicio del marqués de la Mole, uno de los «ultras» de París, influyente personaje político que nombra a Julián secretario suyo. La hija del marqués, Matilde (v.), alma férvida y romántica, se enamora de Julián y de estos amores va a nacer un hijo. Ella obtiene, tras sortear serias dificultades, el consentimiento de su padre para celebrar la boda. Julián será nombrado oficial y, como nuevo señor de la Vernaye, entrará a formar parte de la familia del marqués. Al llegar a este punto, el cúmulo de tantas aventuras produce inevitablemente una hecatombe: una carta de la señora de Rénal, escrita por mandato de su confesor, denuncia al antiguo amante y arruina el edificio tan firmemente levantado; queda truncada ya la elevación del joven al mundo al que, como hombre excepcional y dominador, se sentía arrastrado por un claro anhelo de dominio, acuciado por una constante simulación hipócrita. En la iglesia, Julián hiere de muerte a la que lo ha denunciado, por lo que lo encarcelan y condenan a la guillotina; sus últimos momentos son los de un hombre para quien todo es vano y sólo en la contemplación de su ensueño halla la paz.
El alma apasionada de Matilde, aunque creada en una atmósfera de purísima fantasía heroica, no puede menos de sentirse unida a la de aquel joven infeliz que ha esperado demasiado de sus semejantes; la última escena de la novela nos presenta a la joven en el acto de besar la cercenada cabeza de su amante. El asunta novelesco de esta obra, rico en sentimientos y contrastes, no podía menos de inspirar al escritor la representación de un carácter varonil que , quiere dominar la sociedad y ser verdaderamente él mismo; sus amores, su fría introspección, su sed de dominio son descritos con el más sutil conocimiento del corazón humano. Stendhal refleja en sus novelas la lucha entre los ideales de los generosos y soñadores y la fría realidad diaria, con un deseo inconfesado de amor y ternura, luchando siempre, en desesperada tentativa, por salirse de los límites de una sociedad amorfa. Son famosas las heroínas de esta novela: la señora de Rénal, tenaz, llena de pasión casi maternal, completamente entregada a la juventud ardiente y romántica de Julián, y Matilde, deseosa de una perfección heroica, llena de pretensiones nobiliarias, de orgullos y pesares, a los que sólo el amor del joven aventurero y su muerte consiguen dar un sentido vital. [Trad. española de Antonio Muñoz Pérez (París, s. a.), reimpresa posteriormente (Madrid, 1921)].
C. Cordié
Algunos de sus caracteres femeninos son demasiado románticos. Por otra parte, revelan gran espíritu de observación y profunda intuición psicológica, por lo que se perdonan de buena gana al autor ciertas inverosimilitudes en los pormenores. (Goethe)
Lo encuentro mal escrito e incomprensible, tanto en sus caracteres como en sus intenciones. (Flaubert)
El más grande psicólogo del siglo. (Taine)
Henri Beyle es el singular precursor que con un «tempo» propio napoleónico cruzó «su» Europa y se adelantó en muchos siglos al alma europea, como investigador y descubridor de ella. Ha sido necesario que pasaran dos generaciones para poder alcanzarlo en cierto modo, para volver a meditar algunos de los problemas que atormentaban y extasiaban a aquel curioso epicúreo erizado de puntos de interrogación que fue el último gran psicólogo francés. (Nietzsche) En el momento de reconocer en Stendhal a un verdadero escritor realista nos vemos detenidos por una objeción invencible: tiene demasiado ingenio; lo sorprendemos en flagrante delito de intervención irónica, de sarcasmo volteriano. Ahora bien, existe incompatibilidad entre este género de ingenio y el realismo. (Vogüé)
Rojo y Negro ha intentado seguir la pista del alma por sus lugares más secretos y hacer confesar a la vida sus más amadas culpas. (Wilde)
De una vulgar intriga de tribunales, Stendhal ha hecho un estudio profundo de psicología y de filosofía histórica. En quinientas páginas nos dice tanto como toda la Comedia humana sobre los móviles secretos de las acciones y de las características profundas de las almas en la sociedad nacida de la Revolución. (Lanson)
Mientras en las páginas de Balzac lo que resalta es una visión concreta de la vida provinciana, sin olvidar hasta el último granito de la nariz del más ínfimo camarero, Beyle concentra toda su atención en el problema personal, apunta con unos rápidos toques aquello a que Balzac ha dedicado su genio descriptivo, y nos revela, en cambio, con la precisión del cirujano en una operación, las más recónditas fibras de la mente de su héroe.(Strachey)
Obra inmensa, que su época no comprendió y que no halló su público y su eco hasta veinte años después; su virus infuso aún hoy no está agotado. (Thibaudet)
Rojo y Negro me ha parecido una obra magistral. Cada frase está tensa como cuerda de arco; pero la flecha vuela siempre en la misma dirección y hacia una meta siempre visible, lo cual permite advertir mejor cómo la alcanza. (A. Gide)
Las novelas de Stendhal no son, dígase lo que se diga, libros «controlados»; lo que produce esta impresión es su excepcional donde brevedad. El uso de la brevedad en el arte suscita involuntariamente en nuestro espíritu la impresión de un genio que sabe dominarse: esto no siempre es cierto, y Stendhal es el mejor ejemplo de lo contrario. (Du Bos)
Stendhal ha llevado muy lejos,, más lejos que otros quizás, un arte en el cual sobresalen pocos novelistas: el arte de dejar comprender o sentir que junto al sentimiento de la acción señalada hay otros sentimientos y otras acciones posibles, lo cual confiere un carácter particular de la realidad al sentimiento o a la acción expresados, mientras que muchos novelistas, incluso los más grandes, nos imponen sus creaciones con un carácter exclusivista. (Fernández)
Uno de los motivos por los cuales Stendhal puede pasar con tanta desenvoltura de una conciencia a otra es que nunca ha penetrado muy a fondo en ninguna de ellas, no ha logrado nunca con ninguna de ellas tener plena intimidad. (J. W. Beach)

