Joseph Fraunhofer

Nació en Straubing (Baviera) el 6 de marzo de 1787 y murió en Munich el 7 de junio de 1826. Hijo de un vidriero, quedó huérfano a los doce años y tuvo que colocarse como aprendiz en una fábrica de espejos, estudiando por cuenta propia durante las noches en viejos libros encontrados al azar.

Cuando contaba catorce años se hundió su casa; el Elector de Ba­viera, que se había dirigido al lugar de la catástrofe, tomó bajo su protección al joven y único superviviente, sacado de las ruinas tras cuatro horas de esfuerzos.

Fraunhofer pudo con­seguir entonces una máquina para la fabri­cación de lentes; dedicóse a experiencias de óptica y amplió al mismo tiempo sus conocimientos de Matemáticas. Tras su ingreso en una fábrica de instrumentos de precisión, continuó sus investigaciones sobre las lentes y los espejos, mejorando los mé­todos de producción y los procedimientos destinados a la consecución del acroma­tismo

. En 1815 demostró que en el espectro solar existía un número de rayas mucho mayor que el supuesto por Wollaston, quien, las había descubierto en 1802: Fraunhofer llegó a contar más de seiscientas. Profundizó luego sus estudios y los resultados alcanzados se reflejan en la memoria titulada Nueva modi­ficación de la luz.

Ello fue el punto de par­tida de sus obras clásicas sobre el análisis espectroscópico (v. Estudios sobre las rayas del espectro y sobre los micrómetros). De­terminó los índices de refracción de la luz de algunos colores, tanto en el «flint» como en el «crown», y estudió la distribución de la intensidad lumínica en los diversos pun­tos del espectro.

Aplicó sus descubrimientos a las investigaciones de Astronomía física, perfeccionó los microscopios entonces en uso e inventó los famosos retículos de difrac­ción», obtenidos con hilos muy delgados, paralelos y separados entre sí por una dis­tancia infinitesimal, o mediante hendiduras, igualmente densas, practicadas en el cris­tal con un diamante; a diferencia del prisma, tales retículos pueden proporcionar es­pectros muy amplios, luminosos e «independientes» de la sustancia empleada, por cuanto la «dispersión» de cada color depende úni­camente de la finura del retículo («espec­tros normales». Cfr. en Gilberts Annalen, vol. XXIV, p. 337). En 1823 fue nombrado conservador del Gabinete de Física de Mu­nich.

U. Forti