Roderick Hudson, Henry James

Es ésta la primera de las muchas novelas del escritor norte­americano Henry James (1843-1916). Debe tenerse en cuenta que Watch and Ward fue la primera en orden cronológico, si bien posteriormente la repudió el autor. Roderick Hudson fue escrita y pensada en Floren­cia, donde James, enamorado de Italia, pa­saba largas temporadas, y apareció en 1874.

El héroe de la novela, joven y prometedor abogado, abandona súbitamente sus estu­dios y su carrera, a la vez que a su dulce prometida Mary Garland y a su madre, para marchar a Roma con el fin de estudiar escultura, ayudado e incitado por un ami­go, Rowland Mallett, quien le provee tam­bién de dinero. Efectivamente, en Roma su genio se evidencia en dos o tres obras de valor que ya lo señalan como una pro­mesa para el arte. Pero con ellas su inspi­ración parece agotarse: la imaginación, la fantasía y el ansia de trabajar le abando­nan. Un amor infeliz acaba por postrarle: es infeliz, porque la bellísima Cristina Light, de la cual se ha enamorado loca­mente, aunque corresponde a su amor, no llegará nunca a ser suya, ya que obligada por las pérfidas intrigas de sus padres de­berá casarse con el rico príncipe de Casamassima. Para curar al amigo de esta pasión sin esperanza, Rowland Mallett recurre a la solución de hacer venir de América a Mary Garland, esperando que con su dulzura y su abnegación logrará sanar la llaga y recuperarle para el arte. Pero la llegada de la muchacha produce un efecto diametral­mente opuesto al esperado: Cristina es muy superior a su rival, para que ésta pueda disputarle el corazón de Roderick, que con­tinúa fascinado; pero como Cristina, tras haber intentado inútilmente romper con el príncipe de Casamassima, se ve obligada a casarse con él, el joven se deja convencer por su madre, que le propone un viaje para que la olvide.

Mas, en Suiza, la fatalidad pone de nuevo en su camino a la bella Cristina, que ya es esposa y princesa. Por suerte, las complicaciones que están a pun­to de suscitarse con aquel encuentro son evitadas por la inopinada muerte de Ro­derick en un torrente. Si se compara Rode­rick Hudson con las demás novelas de Ja­mes, se ve pronto que ésta es superficial, psicológicamente considerada; el proceso de la ruina de Roderick está toscamente des­arrollado; los personajes, desde el dadivoso Rowland Mallett a la peligrosa Cristina Light, se nos muestran enigmáticos y ne­bulosos. Sin embargo, con todos sus defectos, esta primera obra de James es una promesa de lo que, más tarde, mantendrá ampliamente en su profunda producción el gran novelista.

C. Linati