Recuerdos Bíblicos, Luigi Tosti

[Ricordi biblici]. Obra del benedictino casinés Luigi Tosti (1811-1897), publicada en Roma en 1887, en las «Obras completas». Se compone de varias partes, algunas de las cuales fueron editadas por separado con fines de edifica­ción para los fieles.

En «Uriele» se canta a modo de salmo el ejemplo de un joven bellísimo que anhela conocer la vida del Señor, pero que se olvida de ser nazareno y de vivir en pureza; así, bebiendo en la copa que le ofrece Zilfe, hija del hospita­lario Eliab, quiere casarse con la muchacha para encontrar con ella la felicidad. («El joven era semejante al peregrino que, sorprendido por la noche en medio del de­sierto, desesperando de llegar a casa antes de que caiga la obscuridad, reposa bajo la copa de una palmera diciendo: Ésta es mi casa»). Pero no basta que el joven se arre­pienta por haber transgredido las leyes di­vinas. Morirá con Zilfe y ni en la tumba podrá unirse con ella. («Y fue la vida suya como un eco que muere y desaparece entre las gargantas de los montes».

Y más ade­lante: «¡Ay! ¿Qué es la vida del hombre sobre la tierra? Y sordamente contesta en el valle el agua del torrente siguiendo su camino»). Otra narración también en estilo de salmo es la de «Mealech o el libro del pobre» [«Mealech o el libro del povero»], muy amplia y compleja: el escenario es Ba­bilonia, y en el dolor de Mealech y de su mujer, Raquel («¡Oh tierra de Neftalí!, ex­clamó él. ¡Oh, tierra de mis padres! La caña y el junco contristan tus campos…»), se expresa la vida atribulada del pueblo hebreo hasta que descienda del cielo la paz de los justos; y así como Mealech ha contemplado en su visión «la ventura de Dios a los pies de la palma del regreso», llegará la hora del júbilo y de la reden­ción.

No en forma narrativa, sino a la manera de una larga predicación de los ideales de bondad y de santidad es «El vi­dente del siglo XX» [«Il veggente del secolo XX»]; como evocación autobiográfica, esta parte del libro, que habla de anate­mas, de un rey pacífico, de un connubio (evidentemente entre la Iglesia y el Esta­do) y de la victoria final de la Justicia y de la Paz, se refiere a la historia del «Risorgimento» y muestra en su simbología, aún más atormentada por preocupaciones políticas, el profundo ideal de Tosti, de una conciliación entre la autoridad política y la religiosa, o al menos el de una mutua comprensión de ambas posiciones en inte­rés de la humanidad. Casi privados de ele­mentos narrativos, pero inspirados en la exaltación de los motivos más puros de la vida y de la religión, están «El salterio del soldado» [«Il salterio del soldato»] y «El salterio del peregrino» [«Il salterio del pellegrino»], que atestiguan el gran conoci­miento que Tosti poseía de los textos sa­grados y sus intentos de cantar el moderno drama cristiano según los motivos de la tra­dición bíblica.

Una amplia reconstrucción lírica de la vida de la Virgen ofrece «El salterio de María» [«Il salterio di Maria»], en el que en forma narrativa se expresan largas invocaciones y exaltaciones de una existencia purísima, entendida como mo­delo para el fiel a Cristo. La obra de Tosti, compuesta en un estilo áulico por su mis­ma rebuscada simplicidad, se sirve de una fraseología bíblica para obtener efectos li­terarios que se remontan a toda una tra­dición religiosa, desde las Laudas religiosas y dramáticas (v.) medievales, hasta las más recientes paráfrasis de los Salmos (v.).

C. Cordié